Nos encontramos con los mismos protagonistas, en un planteamiento totalmente diferente y saliendo derrotados de nuevo en Madrid, pero con sensaciones que no tuvieron nada que ver. Iborra, Mbia y Krychowiak, tres perfiles de corte defensivo para el centro del campo, en un mismo once titular, visto en la primera vuelta en el Calderón, donde el Sevilla se eregía como una de las alternativas a Atlético, Barcelona y Madrid junto con el Valencia de Nuno Espirito. En este encuentro, con los pies en el suelo a diferencia del envite antes comentado, la apuesta de Emery sonaba al mismo ataque de entrenador sufrido en la ribera del Manzanares, pero no, fue totalmente diferente hasta el punto en que los sevillistas fueron superiores en bastantes tramos de partido a los pupilos de Ancelotti, acabando minados por errores en ambas áreas, tanto en defensa como en ataque.

Contra el equipo del Cholo Simeone, la figura de Iborra se metía entre Mbia y Krychowiak llevando a la rotura del equipo en dos partes, viéndose desbordado ante el empuje de los colchoneros, que lograron una cómoda victoria con la que bajarle los humos a los sevillistas. Los hispalenses, encerrados atrás, nunca lograron conectar la isla en la que se encontraba la delantera y el mediocentro, partido por el cual al técnico vasco le llovieron muchos palos. En el Bernabéu, a priori, la propuesta parecía la misma para controlar a la mágia de Isco, James y Kroos por dentro e reprimir las salidas rápidas de este Bale aparecido en el 4-4-2 como punta y que va adquiriendo cada vez más dinamismo y libertad. Sorprendiendo a todo el mundo, en esta «batalla» Emery situó al ex-levantinista de mediapunta para así ganar talla en busca de la segunda jugada, tratar de asfixiar la salida de los locales y, por si se atascaba, buscar una opción de juego más directo. El plan salió a la perfección hasta que la defensa, muy estática en campo propio, dejó libre de marca a James que no perdonó de cabeza ante Beto, en una jugada que termina en ventaja blanca debido a un despiste de Fernando Navarro.

El Sevilla no se rindió y por ello mantuvo la calma y siguió generando fútbol sobre todo en los pies de Vicente Iborra, que dio un pase masgitral a la espalda de la defensa blanca que casi aprovecha Vitolo antes del tanto local o una jugada que él mismo finaliza ante Casillas golpeando en el palo. Las ocasiones rojas se sucedieron unas tras otras aunque sin atino en el arco rival. En un campo como el Bernabeu los errores no se perdonan, y este fue el caso de un pase lateral de Carlos Bacca que acabó en pérdida, robo y segundo tanto del Real Madrid, en una jugada embarullada que finiquitó Jesé ante Rico.

La presión sevillista tan alta en la primera mitad hizo que se notara en el físico en la segunda, llevando así a un menor control del encuentro aunque con varias ocasiones que se perdonaron aun siendo bastante claras.

Los pupilos de Emery no se rendían y por ello el vasco no tocó a los pivotes. Vidal aportó ganas, defensa y además una buena conexión fuera-dentro con los centrocampistas que llevó a volver a llevar el peligro al rival, así como un Aspas que llama a las puertas de la titularidad con desmarques, velocidad y, lo más importante en un delantero: GOL.

El Sevilla compitió sin acierto en el área rival y con una segunda vuelta por delante que se antoja ilusionante al tener que ser visitado en su feudo por todos los equipos de la zona alta.

Pizarra sevillista  |  Gráfico: sharemytactics.com
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