Nueva final de UEFA para los nuestros, nueva semana de nervios, de «¿illo tu en qué avión vas?», de «¿con escalas o sin ellas?», y todo lo que los viajes a la otra punta del continente conllevan. Nadie daba un duro por nosotros, por los nuestros, y en la cabeza del sevillismo rondaba el «joder, con estos precios y como están las cosas van a sobrar entradas por todos lados». Pero no, y otra vez más los nuestros han hecho un esfuerzo, algunos en bus -¡SI, EN AUTOBUS!-, otros dando muchas vueltas por Europa para llegar hasta Varsovia, y otros, gracias en parte a los vuelos fletados por el Sevilla con descuento para socios, en un chárter con ida y vuelta el mismo día del partido. Esos son los verdaderamente afortunados, los que irán allí a dar la cara.

Por el otro lado, están los que no tienen esa suerte. Algunos lo verán en el auditorio -donde caben 8000 personas y que ayer por la noche ya había vendido 5000 localidades-, otros lo verán en las peñas sevillistas que se engalanarán, otra vez más, para ver a su Sevilla jugando otra final europea, habrán los que lo verán en el ‘bar de siempre’ porque por supersticiones no quieren cambiar el sitio donde llevan años viendo a los suyos, habrán los que no puedan con la tensión y lo escuchen por la radio, o simplemente los que se quedarán en casa y lo verán por la televisión, con familia o amigos.

Bendita locura pensaréis. Pues sí. No cabe mayor orgullo en estas palabras, y dicho todo lo anterior, tanto los de aquí como los de allí, tanto los de las peñas como los del auditorio, tanto los de casa como los de la radio solo tenemos dos cosas en mente. La primera de ellas, es la de que los que puedan vivirlo en Varsovia vuelvan con la Copa bajo el brazo, para que los que estamos aquí la podamos disfrutar y la paseemos por su ciudad, porque esta copa ya forma parte de nosotros.

El presidente, en la Fan Zone de Turin, en la Final del año pasado.
El presidente, en la Fan Zone de Turin, en la Final del año pasado.

La segunda es aún si cabe más importante. Y es el con quien ver la final. Unos eligen amigos, otros eligen familia, otros eligen ir con su pareja, pero NADIE puede verla solo. Este que está aquí no olvidará ese abrazo con su padre en la primera final de Eindhoven, ambos llorando como magdalenas con su equipo, pero esa vez, de alegría. O los nervios en Glasgow, cuando esa tanda de penalti parecía que nos llevaría a todos por delante. Y otra vez hubo lágrimas, y otra vez eran de felicidad. Y no, tampoco se me olvida ese abrazo en el Auditorio, esta vez con mis amigos, tras los penaltis de Turín, esos nervios que se vinieron abajo una vez Gameiro metió el penalti decisivo que traía de nuevo la Copa a casa. Y como yo todos tenemos historias de estas, historias de mirar al cielo y celebrarlo con alguien al que no puedes abrazar pero que en todos los triunfos está contigo, abrazos con desconocidos que sienten igual que tú y que da igual que no hayas visto jamás, porque solo por ese momento ya quedarán grabados para los restos en tu memoria.

Por eso esta Copa es tan especial para los que sienten lo mismo que yo, y en Varsovia habrá 8000, pero como la familia que somos, animarán por todos los que no pueden estar, por los de aquí y por los de allí. Por todos. Por los locos que estuvieron en Rijeka, por los de Lieja, por los que fueron atacados en Rotterdam, por los locos que se plantaron en Mönchengladbach, por los de los autobuses a Villarreal, los de San Petersburgo o los de la Feria, y por los que estuvieron en Florencia.

POR NOSOTROS.

POR VOSOTROS.

¡¡¡JUNTOS LO VAMOS A LOGRAR!!!

Tifo de Biris en el recordado SEVILLA-Schalke. | Foto: DatosSFC
Tifo de Biris en el recordado SEVILLA-Schalke. | Foto: magiconervion.com