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Opinión | Una vez más

El Sevilla campeón de la UEFA por primera vez en Eindhoven. | Foto: goal.com

Una vez más. El sevillismo se levanta, se acerca al calendario y cuenta un día menos para el 27 de mayo. Una vez más ha vuelto a ocurrir algo que, incluso en una novela de fantasía, hubiese sido sorprendente. El Sevilla y su sueño insaciable vuelven a entrar en escena. El sueño de levantar la cuarta UEFA Europa League (o Copa de la UEFA, en su anterior formato) se ha encadenado al pensamiento diario de cada de uno de nosotros, y más aún, sabiendo que supondría la consagración en el Olimpo del fútbol europeo. Hasta el día de hoy, una larga y preciosa historia…

Todo comenzó en una tarde de septiembre de 2005. El calor nos empezaba a abandonar y ante la llegada del frío del otoño y su posterior invierno, necesitábamos algo a lo que nos arroparnos. La vimos por primera vez, nos gustó y no dudamos en ir a por ella. Tras el empate por 0-0 de un todavía inexperto y novedoso Sevilla ante el Mainz 05, viajamos a Alemania con las pilas puestas y cosechamos un 0-2. Era nuestro primer puñetazo sobre la mesa. Allí estábamos nosotros, dispuestos a seducirla y que se cruzara quien quisiera por medio. Entramos en fase de grupos y como cualquier chaval modesto, seguíamos ahí, sufriendo lo nuestro, pero sin errores. Dos victorias ante el Besiktas (3-0) y Vitoria Guimaraes (3-1), permitieron destacarnos por encima de ellos y del Zenit de Arshavin o Skrtel o del Bolton de Gary Speed o Nolan, ante el que conseguimos el punto restante para seguir en la lucha. Por seguir el símil del amor hacia una chica, cada vez que la veíamos y la descubríamos un poco, nos gustaba más. Pero claro, el estar más cerca también nos daba boleto para arruinarlo todo de golpe. Llegaron las eliminatorias y entonces, decidimos no fallar. Cayeron en el camino Lokomotiv de Moscú, Lille y Zenit hasta llegar a aquella noche en la que ella nos brindó nuestro primer baile. La sintonía era tan grande que hasta un rubio que venía de tierras escandinavas, frío aparentemente y derrotado en aquella noche, no pudo contenerse y decidió formar parte de esta relación. No pudimos aguardar mucho y en Eindhoven, con el calor de toda una afición, decidimos enseñar los dientes para alcanzar el éxtasis. Sabíamos que era nuestra, tan sólo nos faltaba rematar, ¿y de verdad íbamos a fallar?

Habíamos empezado una bonita relación y en el año siguiente tan sólo podíamos conseguir más madurez y fortalecer nuestro amor. Cayeron en el camino Atromitos, Grasshopers, Sloven Liberec, AZ, Sporting de Braga y Steaua de Bucarest. No fue hasta la ronda de octavos de final cuando el campeón volvió a pisar fuerte y marcó territorio, apelando a la épica con el gol de Palop, cabeceando aquel córner con el impulso de toda la grada que forma parte del corazón de Nervión. En cuartos, el Tottenham sufrió un nuevo apretón de dientes del campeón, no pensábamos dejarla escapar y bien lo pudo comprobar Osasuna, que a pesar de tener la ocasión de flirtear con ella durante unos compases, tuvo que echar rodilla a tierra ante una pareja tan perfecta. Y sí, en Glasgow sufrimos lo nuestro, quizá a posteriori es fácil decirlo, pero maktub. Estaba escrito. Unos penaltis en los que ella amenazaba con soltar la mano y en los que dos palmeos del jugador de la temporada, Palop, quitaban cualquier distracción que ella pudiera tener. La copa volvía a casa.

Volvió. Vuelve. Y volverá siempre. Porque a pesar de los desastres de Genoa o Hannover y la impotencia ante el Oporto, habiendo demostrado coraje ante el PSG, Borussia Dortmund y Karpaty, aquella copa siempre sería nuestra.

Quizá hicimos cosas mal, pero un lavado de cara bastaría para hacerle recordar todo lo que vivimos. Un recuerdo que decidimos revivir, sí o sí, como dijera alguno. Ese era nuestro único objetivo, tomar aquello que nunca debimos haber soltado. Ella era esa chica guapa que tenía mil contendientes y por eso desde agosto nos pusimos las pilas para mostrar que estábamos preparados para hacerla sentir la más anhelada del mundo. Mladost, Slask, Sloven, Estoril, Friburgo, Maribor, Betis, Oporto, Valencia y por último, Benfica. Ninguno pudo con el empecinamiento de un Sevilla al que le habían privado del amor de su vida durante demasiado tiempo.

En esta edición, en la que todos sabemos lo ocurrido, estamos de nuevo a escasos días de una nueva final, esta vez en Varsovia y no podemos pensar en otra cosa que no sea la de volver con ella de la mano.

Antonio Miguel Amador

Estudiante de química en la Universidad de Sevilla.

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