Todavía siento en mi cara las lágrimas de felicidad de Eindhoven recordando a mi abuelo Manolo. Aun conservo el abrazo de mi hermano en Glasgow. Mi retina retiene los saltos de mis dos hijas en la final de la Copa del Rey de Barcelona. Pero esta final de Varsovia va a ser muy especial. Me llevo a mi madre. Mejor dicho, mi madre me lleva. Como siempre fue.

La mano que meció mi cuna, la mano que me llevaba al colegio, la mano de los pucheros, la mano de la babucha. Esa mano me la llevaré a Polonia.

A mi madre le debo la vida. La misma vida nos cuesta este Sevilla de tarjeta de puntos. El máximo de puntos. Los puntos del Sevilla. El Sevilla de mi madre. Mi madre me dio la vida. Que viva el Sevilla y la madre que nos parió sevillista.

Canijo de Carmona