Síguenos en

Análisis

Análisis Táctico | FC Barcelona 5-4 Sevilla FC

CUANDO EL CORAZÓN ESTÁ POR ENCIMA DE LO TÁCTICO

Sevilla y Barcelona nos brindaron el mayor de los espectáculos posibles en una final, siendo esta, quizás, de las mejores de la historia o, incluso, la mejor. Si tuviéramos que trasladar lo ocurrido en este envite al mundo cinematográfico, podríamos decir que sería una película apasionante, con un ritmo no característico de esta altura de temporada, con numerosos clímax y, sobre todo, con muchísimos cambios en el guión, todos ellos imprevisibles.

Las bajas en ambos bandos, desde luego, daban a entender, a priori, que no se vería en ellos su máximo potencial, pero, ante todo pronóstico, ni la salmonela, ni las paperas, ni ninguna lesión muscular dejó exenta de vitalidad e interés a esta cita difícil de preparar, por el momento de la temporada en el que se disputa y por aun tener que “soldarse” a la disciplina habitual el cómputo global de los fichajes.

Estas bajas tan significativas de las que hablamos, hicieron que tanto Unai Emery como Luis Enrique tuvieran que emplear ciertas piezas en lugares que, nativamente, no le correpondían, como se vio en el bando sevillista con Krychowiak en el centro de la zaga, acompañado de un Rami renqueante que culminó un pérfido partido pese a venir de estar enfermo, y dándole el polaco su verdadero puesto a un Krohn-Dehli que fue de menos a más y que mostró un gran despliegue físico; por parte del Barcelona, el técnico asturiano decidió suplir las bajas de Alba y Neymar (muy importantes a la hora de recepcionar las pelotas en diagonal de Messi) con Mathieu y Rafinha, este último en detrimento de Pedro, el canario que tiene más de pie y medio en el United y que fue el encargado de decantar este loco encuentro del lado de los azulgranas.

Luis Suárez golpea el balón ante Krychowiak | Foto: La Voz de Galicia

Luis Suárez golpea el balón ante Krychowiak | Foto: La Voz de Galicia

Unai Emery, tenía en su mente un guión de partido, pero, ni en el mejor de los casos, el de Hondarribia pensaba que el inicio de su equipo iba a ser tan fulminante, de manera que, tras encontrarse con semejante golazo de falta de Éver Banega en el minuto cuatro de encuentro, el equipo no supo defender esa ventaja ante un Barcelona que, sin Messi, probablemente habría tenido muchas más dificultades para cambiar el rumbo del envite. El argentino, con dos faltas de dudoso acierto por parte del árbitro, remontó el partido en apenas unos minutos, siendo muy trascendente en los minutos posteriores a su doblete.

Estas dos cosas, en conjunto, la facilidad de amarilla para los hispalenses y el factor Messi, hacían que, cuando el rosarino driblaba a rivales, estos temieran meter la pierna, llegando así a dejarle pasillos interiores y unas pasmosas facilidades a la hora de regatear para crear superioridad numérica y plantarse en el balcón del área visitante. En ese tramo de partido, el Sevilla estuvo en la lona, con un dominio apabullante del conjunto catalán transformado en posesiones largas con sensación de peligro (que no peligro en sí).

Con el marcador a favor, todo iba de maravilla para los barceloneses, que veían como se sacaba la pelota limpia superando las líneas de presión sevillanas, como Rakitic llegaba desde segunda línea y como Leo Messi, bajaba a recibir con libertad de movimientos. Todo esto se veía facilitado por un inmenso hueco entre defensa y doble pivote rojiblancos, que normalmente es subsanado por Krychowiak cuando juega en esta última parcela mencionada, pero que en esta cita, al tener dos futbolistas de perfil similar en cuanto a labores defensivas (Krohn y Banega), era imposible de arreglar.

Beto ve impotente como entra el balón lanzado por Messi en una de sus faltas | Foto: AS

Beto ve impotente como entra el balón lanzado por Messi en una de sus faltas | Foto: AS

Los dos tantos de Messi, se podría decir, que eran inevitables, puesto que venían de dos faltas muy bien lanzadas y en las que Beto, al menos en la segunda de ellas, no podía hacer nada. En cambio, aparece en escena Luis Suárez, al aprovecharse de una pérdida en ataque sevillista, cruza el mediocampo para, tras encarar y fallar ante Beto, asistir a Rafinha en un ambiente de despropósito defensivo nervionense al filo del descanso. El charrúa, tras los 15 minutos de recuperación reglamentarios, fue el encargado de hacer lo que parecía la sentencia definitiva, al aprovechar un servicio de Busquets tras una pérdida infame de Tremoulinas, en lo que pudo ser su peor actuación con la zamarra rojiblanca, algo a lo que no nos tiene acostumbrados.

Con 4-1 en el marcador del Boris Paichadze de Tiflis, nadie, repito, nadie, esperaba que el partido tuviera el desenlace que tuvo. Es momento acuñar una frase que ayer leí: “si hay algo que nos fastidia a los analistas tácticos, es eso llamado corazón, casta, coraje y empuje.” Y en efecto, el milagro se obró en 35 minutos para la historia y gloria sevillista, 35 minutos en los que la lógica, como en casi todo en esta vida, no tuvo lugar.

Si de por sí el empate de 0-2 a 2-2 en la última batalla entre ambos contendientes, fue calificable de apoteósico y con muy pocos precedentes, el hecho de empatarle a este Barcelona en tan poco tiempo un 1-4, se podría nombrar como legendario, sin exagerar.

La clave fue, ante lo bien apuntalada defensivamente que estaba la banda diestra, utilizar los espacios generados a la espalda de Messi, en la banda siniestra, creando (como se vio en el segundo y tercer tanto) superioridad numérica con Tremoulinas, Vitolo y, posteriormente, el recién estrenado goleador sevillista Yehven Konoplyanka, en una jugada en la que Ciro Immobile pone el cuerpo de una manera espectacular ante un pasivo Bartra, para terminar asistiendolo.

Konoplyanka celebra el 4-4 | Foto: AS

Konoplyanka celebra el 4-4 | Foto: AS

Muchos (por no decir todos) criticamos en esta final (como en muchos otros encuentros) la tardanza a la hora de hacer cambios por parte del entrenador vasco del Sevilla, y es que, a toro pasado, uno se da cuenta de lo complicado que es gestionar un equipo en una situación tan adversa como la que se estaba viviendo, y como Unai Emery acertó plenamente en el momento y en los actores a introducir. Esto condujo a un baño táctico del técnico sevillista a Luis Enrique, que miraba perplejo al banquillo al ser Pedro la única baza capaz de trascender en un encuentro. No se creía lo que le estaba ocurriendo a su plantel. Immobile dio al equipo más empuje arriba con un gran desgaste físico, Konoplyanka dotó de mayor imprevisibilidad y profundidad a su equipo, al igual que un Mariano que permitió reubicar a Krychowiak en el pivote para abarcar así más terreno de juego, colocar a Coke de central, y encima potenciar el componente ofensivo de su banda sin descuidar lo defensivo.

Con la nueva posición de Krychowiak, se evitó que el equipo se rompiera, derivando de esto la consecuencia exacta de la desaparición total de Messi y Luis Suárez, acompañada de una gran fuerza desde atrás insuflada por el polaco para la posterior presión al mediocampo de un Barcelona muy pobre, que tuvo a Sergi Roberto y Rakitic como interiores y a Mascherano y Busquets como mediocentros de contención estériles. Con el paso de los minutos, el Sevilla se lo iba creyendo más, mientras que los del Camp Nou se iban viniendo abajo ante la inverosimilitud de lo que les estaba ocurriendo, se partía en dos partes el equipo a la par que los del Pizjuán hiperpoblaban el área llegando con muchos efectivos.

Parecía que el Sevilla se llevaría el gato al agua en un ejemplo más de épica exacerbada, pero, como en la vida real y en las películas, el final no es siempre el más feliz, y por ello, tras una falta, provocada y lanzada por esa bestia decisiva en el juego de su equipo, llamada Leo Messi, Pedro ponía la tristeza en las caras sevillistas en un rebote de Beto, que no podía hacer mucho más. Aun así, los de la capital andaluza siguieron honrando el “dicen que nunca se rinde” de su himno y pudieron empatar el encuentro en sendas ocasiones finales de Coke y Adil Rami.

Imagen muy distinta a la dejada hace un año en Cardiff ante el Real Madrid. Esta derrota, al final de temporada, estará muy bien valorada. A partir de aquí comienza “el Sevilla de los jugones”, a partir de aquí se comienza a crecer.

Perder siempre deja un sabor amargo, pero en esta ocasión viene acompañada de (más) ilusión.

Evolución del Sevilla a lo largo del encuentro | Sharemytactics

Evolución del Sevilla a lo largo del encuentro | Sharemytactics

Manuel López

Estudiante de periodismo – Bueno para debatir, nunca discutir.

Comentarios
Publicidad

Próximo partido

LaLiga Santander - Jornada 16

Sevilla FC

Levante UD

Ramón Sánchez-Pizjuán

15/12/2017 · 21:00h

beIN Sports LaLiga

Último partido

LaLiga Santander - Jornada 15

Real Madrid
5 - 0
Sevilla FC

Nervioneo en la Radio

Más en Análisis