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OPINIÓN | SOY UN SEVILLISTA DE FINALES

Con la llegada de estas finales, uno mira hacia atrás e intenta rememorar un ápice de aquello que ha vivido en tan corto periodo de tiempo, un tiempo que pasa inexorablemente por delante de nuestros ojos sin que podamos hacer nada para detenerlo. Pero no vengo aquí a hablar de los éxitos del Sevilla Fútbol Club, que ya han escrito mucho sobre eso, vengo a contar la historia de un club humilde que charló innumerables veces con el diablo, cara a cara, y de todas salió ileso. Vengo a hablar de la historia de verdad, de la que la generación actual de Sevillistas no valora o simplemente ignora.

Pongamos mi caso, yo nací en 1996 y prácticamente hasta el 2004 no adquirí conciencia de lo que significaba el fútbol en todas sus expresiones, no fui consciente de lo que era el Sevilla FC. Para nuestra generación es muy fácil presumir de Sevillismo, pero son los que lo grabaron en nuestro ADN, nuestros abuelos, padres o tíos, quienes merecen dicho de reconocimiento, el de Sevillistas de Finales.

El término que titula este artículo, es un concepto complicado y a veces utilizado por una extensísima masa social para difamar a unas personas, las cuales tienen un sentimiento por el cual llevan luchando mas de cien años. Llueva, haga calor o venga un terremoto, ahí estarás Sevillismo. Y si, somos Sevillistas de Finales ¿qué pasa? Tenemos la oportunidad de serlo ¿y vamos a negarlo? Si ese término se ha acuñado en torno a la familia rojiblanca es por algo, si, porque disputamos finales, y no pocas.

No os aburriré, pero pondré dos casos que nos servirán para, quizás, reafirmar e incrementar ese amor a nuestro Sevilla. Aprovechando el reciente vigésimo ‘cumpleaños’ de aquel descenso administrativo, que apenas duró 16 días, uno ve las imágenes de aquel desplazamiento tan multitudinario en el que probablemente estuvieras tu o alguno de tus familiares y se da cuenta de que el camino que hemos recorrido en esa veintena de años ha sido rápido, directo, con muchas alegrías, pero, sin faltar las tristezas.

Digo que no faltaron tristezas, aunque bien compensadas posteriormente con alegrías que, nadie, repito, nadie, imaginó tras vivir semejantes momentos tan turbios. A nadie se le borrará aquel 1 de junio de 1997, el descenso a Segunda B en Oviedo, y aquellas lágrimas de Loren, de Juan Rubio, de Juan Velasco y como no, del León, en aquella esquina, de nuestro León, ese que este año ha rugido más fuerte que nunca y que ha hecho disponer a Unai de todos los efectivos para la final del Boris Pachiadze un mes antes de dicha cita.

Es en estas finales cuando uno se acuerda de los que se fueron antes de poder vivir esta bendita locura, de los que están fuera y no pueden vivirla con los suyos y, como no, de ese padre, abuelo o tío que te hizo Sevillista como si en una boda te encontrases, “para lo bueno y para lo malo, en la salud y en la enfermedad, yo te quiero, Sevilla“.

Ya hemos ganado el título más grande que se puede tener: ser Sevillistas, ahora toca luchar por tener algo material, por traernos esa copa que ya en Mónaco levantó una vez Javi Navarro ante el mismo club que hoy nos mira desafiante. Como leí en algún lugar de la inmensa blogosfera, ‘que nos odien, que nos odien, que para quererte ya estamos nosotros, Sevilla‘.

Encaramos el enésimo David contra Goliat, muchos nos dan por muertos, pero no saben que tantos se han arrepentido de matarnos con semejante antelación… No vamos a Georgia de vacaciones, ni mucho menos a ver un partido de balompié, vamos a derrotar al Rey Colérico que aparece en las leyendas caucásicas, ahora en forma de FC Barcelona, vamos a ser los que se hagan la fotito en el cartel de Winners (campeones) de la UEFA, vamos a ser, otra vez, Sevillistas de Finales.

Amigos, disfrutemos como si esta fuera la última vez que apareciera en nuestro estómago ese mariposeo tan característico, esa histeria, esas ganas, ese ‘Vamos mi Sevilla‘ en la cabeza desde las siete de la mañana, disfrutemos del Nervioneo, porque nadie sabe cuando lo volveremos a vivir.

Para estar en el cielo, hemos tenido que estar mucho tiempo aguantando perrerías del Diablo, y ahora a ver quien nos baja de aquí.

Todos los caminos conducen a Tiflis. Vamos pa’lante chicos de Nervión.

Manuel López

Estudiante de periodismo – Bueno para debatir, nunca discutir.

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