El corcel que no galopaba

Aquel Borussia que se paseó por el Sánchez Pizjuán allá por el mes de septiembre, nada tiene que ver con el vendaval que ayer azotó sin escrúpulos a un Sevilla en el que, por el contrario, no ha cambiado mucho la imagen, al mantener los mismos defectos que vienen trayendo dolor de cabeza al más que tocado actualmente Unai Emery.

El técnico vasco ponía en liza a Krohn-Dehli, Banega, Konoplyanka y Gameiro juntos, para discutirle la posesión a un Gladbach que, en efecto, la perdió por momentos e incluso, en un duelo de ida y vuelta, sufrió con ocasiones que, como a lo largo de toda esta campaña, fueron desperdiciadas para mayor inri rojiblanco.

Entre otras cosas, el plan fracasó por la blandura del danés Krohn-Dehli a la hora de acometer una embestida al rival, en definitiva, en el momento de defender y no entregar bien. Duró mucho su participación en el estadio de los potros, y, cuando se esperaba la entrada de un segundo punta para acompañar a Gameiro y exprimir al máximo las ocasiones que se tuvieran, entró N’zonzi por él, el equipo no sufrió un cambio táctico, se resintió y el resto ya lo saben.

En el plano defensivo, lo único reprochable a los efectivos nervionenses fue la indolencia a la hora de la entrega, generando pérdidas en zonas comprometidas que hacían mucho más eficaz la presión de un conjunto alemán que no necesitó sobreexplotar sus cualidades físicas para plantarse en las inmediaciones del arco defendido por Sergio Rico. Que no le engañen las estadísticas: en la primera mitad todos los disparos fueron desde fuera del área, excepto el tanto, que, curiosamente viene de un centro-chut que acabó en los pies del bigoleador Stindl.

El segundo tanto tiene origen en un repliegue bajo excesivo hacia el costado izquierdo, que, obviamente, dejó libre un hueco que aprovechó Johnsonn con el 2-0 para abrir más las líneas sevillistas, de cara a arriesgar más, siendo esta la sentencia definitiva para unos hispalenses que no merecieron tan poco en tierras alemanas. Si tu portero es el mejor, y le han metido cuatro, no es muy buena señal.

En el plano ofensivo, el combinado visitante pisó más el área que el local, pero sin realmente percutir peligrosamente en la meta de Sommer. Aun con una apurada salida de balón, una ingente cantidad de pelotazos a los delanteros y centros pocos medidos por parte de Tremoulinas, el Sevilla consiguió asustar en contadas ocasiones a los pupilos de Schubert, pero no fue hasta la tardía entrada de Llorente cuando, de verdad, el sistema ofensivo dejó de resentirse.

Fue este el único cambio ejecutado por el de Hondarribia que de verdad salió bien, puesto que ni el cambio de N’zonzi ni el de Mariano cambiaron un guión de partido que debería de haber cambiado. El primero de ellos mantuvo el esquema sin realmente aportar nada nuevo, y, en el minuto 85, dos abajo en el marcador, la profundidad que da Mariano al lateral diestro fue innecesaria y quizás la entrada de un segundo punta como Immobile hubiera sido más lógica.

Preocupante momento de un Sevilla que está en la lona, KO, sin hálitos de vida, sin una leve esperanza que lleve a pensar en un cambio de dinámica radical. El corcel que monta Unai Emery no termina de galopar.

Evolución táctica del Sevilla ante el Gladbach | Infografía: GrupoJoly
Evolución táctica del Sevilla ante el Gladbach | Infografía: GrupoJoly