Noche de paz

Viendo el calentamiento de los pupilos de Unai Emery, se palpaban ya las ganas que tenían por agradar a su público. Y así fue, pero, ya por delante en el marcador, todo cambió para de esta forma relajarse, mantener la cabeza en la importante cita en Granada y, como no, pensar en las uvas de Nochevieja.

Cristóforo en estado puro

El uruguayo volvía a la titularidad en liga, con el ansia de consolidarse en el equipo y optar a la titularidad. Como habíamos visto ante el Logroñés, el charrúa, después de su lesión, mantenía intacta su capacidad de juego, algo que, en el día de ayer agradecieron todos sus compañeros, sobre todo Banega.

Cristóforo robó una ingente cantidad de pelotas que, lejos de ser desperdiciadas, terminaban generando fluidez en el juego hispalense. Tan importancia tuvo este elemento en el esquema de Emery ayer que fue el encargado de hacer jugar a su equipo mediante pases de suma dificultad que eran ejecutados por él con aparente facilidad a la hora de romper las líneas del contrario.

Mariano y el gran partido de Vitolo

Hacía tiempo que no veíamos a Víctor Machín en su máxima expresión, pero ayer volvió a ser el que enamoró a la grada sevillista durante toda la pasada campaña, esta vez desde el costado diestro. Sus movimientos hacia dentro y conducciones largas hacía que, como si de un imán se tratase, fuese acumulando rivales para despejar zonalmente tanto a Banega e Immobile como a Mariano.

De estos tres hombres, el más beneficiado por la labor realizada por Vitolo fue el lateral brasileño, al encontrarse cada vez que entraba en contacto con el balón con muchísimos metros por delante a recorrer y espacios entre los que poner centros medidos.

Banega como segundo punta e Immobile como beneficiado

Gracias a Cristóforo, Banega se veía liberado de tareas de defensa y eximido de la necesidad de bajar a recibir para crear que sí ha tenido en ocasiones a lo largo de la temporada. Estas circunstancias hicieron que el dinamismo del argentino se multiplicara actuando como segundo delantero. Él se movía entre la segunda línea y la delantera con total libertad e Immobile, con continuos desmarques a la espalda de la defensa perica, se alimentaba de sus pases. Una sociedad que antes no había explotado pero que parece haber encontrado el clímax necesario para su éxito.

El italiano corrió incansablemente durante todo el encuentro, excepto un tramo en el que se dolió de su tobillo, presionando a la defensa contraria y jugando para sus compañeros.

La intensidad baja

Fue un partido que, tanto para uno como otro contrincante, evolucionó a revoluciones muy bajas. Los de Cornellá-El Prat se dedicaron a perder tiempo durante todo el envite, incluso cuando iban por debajo en el marcador, en busca de cortar el ritmo que pretendía imponer el Sevilla. Ese bajo ritmo se contagió para los sevillistas que vieron que yendo por encima en el marcador no tenían necesidad de arriesgarse a una lesión o algún contratiempo similar, aunque, desde luego, los nervionenses pecaron de lo que llevan pecando durante toda esta campaña: bajo ritmo y lentitud.

Victoria que llama, de cara al nuevo año, al positivismo en la casa del sevillista, con buenas noticias que parecen dar fin a la mala racha vista en este primer tramo de temporada.

IMG-20151230-WA0057