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Análisis

Análisis táctico | Real Betis 0-2 Sevilla FC

La noche de los triángulos

Ante un Betis tocado anímicamente, los pupilos de Unai Emery se disponían a ganar y llevarse una buena renta para el partido de vuelta en el Ramón Sánchez Pizjuán. Los locales no pusieron oposición en ningún momento, al mostrar grandes carencias en todos los ámbitos del juego y, una vez más, dejar en cero la casilla de remates a la puerta defendida por Sergio Rico.

El triángulo KBC

El Real Betis hacía una presión adelantada mal ejecutada, ya que cada jugador hacía un trabajo individualizado, lejos de lo colectivo que exige este tipo de defensa en campo contrario. Viendo esta situación, la alineación de Krohn-Dehli cobró más sentido que nunca, para así tapar las subidas de Piccini y, con libertad, meterse hacia el centro de cara a tener mayores facilidades en la salida de balón.

Una de las cosas que más llamó la atención fue eso, la salida de balón, gracias a un automatismo ya utilizado recientemente por el ‘Cholo’ Simeone: los triangulos laterales. El nombre se debe a la forma que tiene al darse la colocación de, en este caso, Krohn-Dehli, Banega y Cristóforo. El uruguayo robaba, pasaba a banda donde normalmente estaba Krohn-Dehli para apoyarse en Banega y buscar un avance que, implícitamente, llevaba consigo la destrucción de líneas de presión.

Esta tarea creo una superioridad apabullante transformada en un dato objetivo: de las 79 veces que la K de la KBC intentó dar un pase, 78 terminaron en su destino. Fácil lo difícil. Posesión totalmente sevillista.

Los centros estériles en verdiblanco

El conjunto heliopolitano cometió un error grave en ataque, al sobreexplotar la vía de los centros laterales por parte de Varela y Piccini. El único que podía luchar esos centros era Van Wolfswinkel, pero se encontró ante dos torres que por arriba van bien como Kolo y Rami.

Fue un fallo persistente que, el entrenador verdiblanco quizás agudizó con la entrada de Joaquín, otro futbolista más para poner centros que no tenían fin alguno. Así, el ataque local se convirtió en previsible y poco eficaz. En este tipo de partido, de búsqueda del juego aéreo, Rubén Castro, si cabe, tenía aun menos posibilidades de poner en aprietos al meta sevillista.

El delantero del Sevilla

Los efectivos de Mel plantaron, como en el último derbi, una línea de defensas muy pegada a los aledaños de la portería defendida por Dani Gimenez, algo que incidió directamente en la actuación de los delanteros rojiblancos, sobre todo en el caso de Immobile.

El italiano acusó esta situación constante durante el primer acto, hasta tal punto que tenía que bajar a la zona comandada por Banega para entrar en contacto con el balón, normalmente para apoyarse en algún compañero de cara, sin complicarse con el pase para evitar contras rivales. Pocas ocasiones tuvo el ex del Borussia y, en las pocas que tuvo, no supo desbordar bien a su marca.

Gameiro entraba con un guión totalmente diferente. El Betis seguía con el mismo juego, pero la retaguardia se adelantaba hasta casi el centro del campo. En ese momento, la velocidad del gabacho se antojaba vital para decantar aun más la balanza hacia el lado nervionense, pero sigue gafado de cara al arco contrario, y, en la única que tuvo, no supo finalizar de primeras ante Gimenez.

Partido para guardar en la memoria durante el resto de la temporada, para aprender de él y, en definitiva, crecer. Los pupilos de Emery, gracias a los triángulos, demostraron que saben bailar como mariposas y picar como avispas.

Manuel López

Estudiante de periodismo - Bueno para debatir, nunca discutir.

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