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Análisis

Análisis táctico | CD Mirandés 0-3 Sevilla FC

Rítmico

Con la renta de 2-0 que el Sevilla se llevaba de casa al estadio burgalés para la vuelta, cabía la posibilidad de una posible remontada por parte de los rojinegros dada una serie de obstáculos que ni Málaga ni Deportivo pudieron saltar, obstáculos, en definitiva, como el tamaño del campo o el cortocircuito del juego sevillista con continuas faltas. Los sevillistas eximieron dichas posibilidades de cara a certificar un pase que acerca aún más la posibilidad de disputar una nueva final.

En el plano defensivo observamos como, desde el minuto uno, los visitantes tenían que evitar centros laterales en busca de la cabeza del delantero centro norteño, y estar jugando en campo rival la mayoría del tiempo. Estas premisas eran necesarias para dar un susto al conjunto nervionense, pero, realmente, nunca llegaron a surtir efecto gracias a la presión adelantada del Sevilla que propiciaba robos en zonas peligrosas.

Con el primer tanto de Iborra desde los once metros, los centrales y el portero se limitaron a repelir todos los balones que circulaban por sus aledaños, adquiriendo en este punto una gran importancia la incisión de los laterales en ataque, desbordando y no siendo desbordados en defensa.

Viendo las dimensiones del estadio local, los hispalenses no podían buscar un fútbol bonito, por así decirlo, tenían que buscar la efectividad, y para ello fue esencial la aparición en el centro del campo de la figura de Steven N’zonzi, robando, contagiando su parsimonia positiva y buscando siempre con sus pases romper por las bandas. El francés está enchufadísimo y lleva una serie de partidos enlazados a gran nivel.

Llegados a este punto, tenían que emanar los extremos por encima del resto. Y, en efecto, se consiguió la victoria gracias, a entre otras cosas, la verticalidad de Konoplyanka en la primera mitad (desaparecido más tarde) y Vitolo en la segunda parte con conduciones dinámicas que desde fuera propiciaban un peligro inminente como en la jugada del gol de un Juan Muñoz que se vació por el equipo en busca de caídas a ambas bandas para generar espacios a sus compañeros de segunda línea que no tuvieron su efectividad deseada al verse limitado por la línea de fondo del pequeño Anduva.

Con Llorente y Kakuta en el campo, todo cambió en busca de reactivar la presión y el ritmo, siendo en el caso del exrayista suficiente con ayudar a los laterales.

Gran partido de los rojiblancos que acerca otra nueva final en el seno sevillista… Pero primero hay que eliminar al Celta.

Manuel López

Estudiante de periodismo - Bueno para debatir, nunca discutir.

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