Todos juntos

El Sevilla de Unai Emery ha llegado al punto de su temporada en el que ha comprendido que es mejor ser pragmático que rizar el rizo con ciertos automatismos que no terminaban de funcionar, gracias, entre otras cosas, al juego colectivo que ha superado con creces a las individualidades.

La intensidad del Athletic

El conjunto dirigido por Ernesto Valverde decidió plantear un duelo a ida y vuelta en el Sánchez Pizjuán, con la intención de aprovechar la velocidad que Williams y Lekue aportan a su definido estilo de juego. Los sevillistas no se esperaban esta baza del entrenador vasco,y durante los primeros 15 minutos se vieron sorprendidos por una serie de ocasiones claras que no terminaron en gol de milagro gracias al larguero y a Sergio Rico.

El centro del campo sevillista se veía desbordado por fuera como bien marcaba el plan visitante, y tuvo que ser Cristóforo el que comenzara a caer a las bandas para ayudar, una vez robado el balón, a sacar el balón jugado de cara a eliminar ese juego de tensión que estaban planteando los athleticzales.

El muro

Esta temporada no he nombrado mucho a los porteros, pero, en este envite, hay que hablar sí o sí de Sergio Rico y su crecimiento. Ha sufrido un evolución exprés que lo ha coronado como uno de los mejores porteros del panorama nacional, pasando de ser promesa a ser un efectivo sólido. En el día de ayer, el sevillano mostró garra, al regañar a su defensa cuando debía, poderío aéreo gracias a su gran tallaje, buen dominio del esférico con los pies y buena comunicación con su equipo. Pasos agigantados del canterano.

Otro que volvía a la zaga sevillista, un poco obligado por la acumulación de tarjetas de Adil Rami, era Daniel Carriço. Ha estado muchos meses fuera de los terrenos de juego centrado en su recuperación, pero en este partido parecía haber tenido continuidad tanto en el once como en los entrenamientos. Muy bien al corte y sacando el balón como él sabe. Su seguridad ayudó a que Kolo se asentara a su lado y no sufriera demasiadas embestidas negrirojas.

Michael, Éver y Sebastián

Las mejoras de este conjunto hispalense en cuanto a sensaciones ha sido fruto, entre otras cosas, de la asociación de estos tres jugones. Banega ya de por sí era trascendental, pero jugadores como Cristóforo o Krohn-Dehli hoy por hoy también se antojan decisivos a la hora de elaborar un modelo de fútbol estable.

Al igual que ya contamos en el último partido copero, la KCB fue el núcleo de todos los ataques y posesiones en clave rojiblanca. El uruguayo no sólo ha mejorado el juego general de su equipo con grandes transiciones, sino que también ha hecho que Krychowiak vuelva a sentirse cómodo en el terreno de juego. El danés, con sus inclusiones hacia el centro y ayudas laterales se está convirtiendo en un excelso elemento del juego local, y de Banega ya todos sabemos su nivel y lo que puede aportar, por lo que no les aburriré más.

La velocidad arriba

Con ese centro del campo tan creativo, era esencial que Gameiro explotara dos de sus mejores armas: la velocidad y las caídas a banda. Ambos objetivos los cumplió a la perfección.

En las últimas semanas había sido el objetivo de todas las críticas en el ámbito del gol por fallar algunas ocasiones clamorosas, pero ayer tuvo dos y ambas las tuvo que recoger Iraizoz de sus redes. En la primera vimos un gran nivel asociativo con Vitolo, culminado con gran velocidad y una definición con la zurda que muchos quisieran tenerla, la segunda fue de penalti, una de las especialidades del delantero francés.

Ayer, los nervionenses, en fase ofensiva, ganaron el partido gracias a la pegada, algo de lo que lleva careciendo durante toda la campaña.

Todos los jugadores están sentenciados porque, como ya sentenció Di Stefano, «ningún jugador es tan bueno como todos juntos».