Pegada

Durante toda la primera vuelta, el Sevilla de Emery pecó de poco acierto ante las porterías rivales, algo que ante el Málaga se dejó atrás al aprovechar al máximo las pocas ocasiones que la presión de los de Javi Gracia ofreció. Para un equipo que quiere quiere aspirar a grandes cosas, hacer de su campo un feudo inexpugnable y ganar incluso cuando no se hace un buen juego, es primordial.

La presión malaguista

Los boquerones salieron al tapete verde del Sánchez Pizjuán con la evidente necesidad de alargar la racha de seis partidos consecutivos sin perder, y, para ello, Javi Gracia analizó muy bien que tenía que cortocircuitar el juego sevillista, es decir, no dejar recibir a Banega en superioridad en el centro del campo.

Ese plan, con sus más y sus menos, tuvo éxito gracias a la movilidad de Amrabat y al posicionamiento de Camacho. El marroquí creaba superioridad numérica por dentro a pesar de jugar pegado a la línea de cal, para aprovechar el robo en posiciones adelantadas de su compañero Camacho. Una vez robado el balón en campo sevillista, los atacantes malaguistas sólo se tenían que dar la vuelta, encarar la puerta de Rico y disparar. Así fueron la mayoría de ataques visitantes.

El cable pisado

Utilizando una leve metáfora, podríamos comentar que el entrenador malacitano consiguió pisar el cable sevillista para que la electricidad, como si de una pelota se tratase, no pasara del centro del campo.

Banega recibía muy cerca de área propia para sacar el balón. Cada vez que entraba en contacto con el balón, se veía abordado por una ingente cantidad de rivales que le presionaban con alta intensidad. Ante tal automatismo del contrario, el argentino tenía que retrasar de nuevo una pelota que, siempre, acababa en los pies de Rico para que le diera un pelotazo.

Viendo esa circunstancia, Emery decidió llamar a filas al danés Krohn-Dehli para que, desde su posición en banda, percutiera en el centro del campo como mediapunta para conectar el centro del campo con la delantera, propósito que cumplió a la perfección con conducciones que eran determinantes para lograr triangulaciones en campo blanquiazul. De esta forma cambió el técnico vasco el partido.

La lectura de los espacios

El Málaga, debido a esa posición tan adelantada antes comentadad de Camacho, dejaba muy desprotegida la retaguardia sin él, al crearse un agujero que fue el que sí explotó Krohn-Dehli. Al introducirse ahí el francés, tenía que ser uno de los centrales rivales el que lo marcara. dejando así en un clima beneficioso a Gameiro.

El francés supo leer los espacios a la perfección como bien se vio en sus dos goles, sobre todo en el primero. Como casi siempre, sus caidas a banda propiciaron la llegada desde atrás del antes mencionado danés y de Vitolo.

Además, como en las últimas citas, el ex del PSG parece haber encontrado su lugar y su forma de juego, algo que eminentemente se ve repercutido en su suerte de cara a portería rival, en definitiva en una pegada que hace tiempo que no tenía.

El Sevilla vuelve a ganar en casa sin pisar el acelerador, ante un rival que venía de perpetuar una gran racha sin perder basada en buen juego. Parece que los nervionenses han despertado de su letargo para pelear por grandes cosas.