En constante crecimiento

Llegaba el Mirandés al Sánchez Pizjuán con la ilusión de tener continuidad en el fútbol mostrado ante Málaga y Deportivo para, así, complicarle las cosas a un Sevilla que en su campo gana la fiabilidad que le falta fuera de él. Los burgaleses dieron una muy buena imagen en el coliseo sevillista, hasta tal punto que consiguieron inquietar a la retaguardia rojiblanca con un balón que acabó en el palo de la meta defendida por David Soria.

Las líneas del Mirandés

A muchos le soprendió ayer la excelsa imagen dada por los norteños en la capital andaluza, pero, desde luego, este estilo tan definido que vimos ayer es el que ha permitido que se conviertan en la gran sorpresa del torneo copero.

Carlos Terrazas impuso un 3-4-3 con las líneas muy juntas para que los carrileros taparan las subidas de Mariano y Escudero, y siempre hubiese un central cubriendole las espaldas. Esto, desde luego, debilitó el juego de exteriores que pretendían hacer los andaluces y provocó numerosas pérdidas del pivote N’zonzi-Iborra que eran aprovechados sobre todo por la figura del ex jugador del Jaén Carnicer tanto por dentro como por fuera, con un desparpajo en el desborde que puso en jaque durante numerosos minutos al equipo que tenía enfrente.

De esta forma, el Sevilla sólo logró llevarse esa renta gracias a la actuación de Raúl Fernández con grandes paradas, a pesar de que el sistema impuesto por el técnico del Mirandés exigía un gran despliegue físico que, sorprendentemente, tuvo una gran continuidad.

Sin un timón alternativo

Gran parte del partido fue, en parte, del Mirandés debido a que se sucedían las pérdidas en el centro del campo una tras otra sin que alguien decidiese marcar los tempos y buscase la pausa para percutir por fuera en el área rival. Pasados de revoluciones, Krohn-Dehli se veía superado en cada posesión, sin un apoyo claro con el que sacar la pelota jugada, algo que, eminentemente, facilitaba la tarea de robo al curtido centro del campo leonés formado por Provencio y Rúper.

El danés, viendo que los rojinegros habían hiperpoblado el centro del campo, decidió sacar el balón fuera-dentro, cayendo a banda para poder así generar espacios por dentro a aprovechar por un Reyes vestido de Dalí que en cada posesión generaba una obra de arte en ataque. Al introducirse el utrerano por dentro, el beneficiado por ese automatismo era Mariano, que se encontraba con todo el carril diestro por delante, listo para poner centros como el que le puso a Krohn-Dehli en el segundo tanto de la noche.

Konoplyanka y Gameiro no tuvieron su día, aunque se valora mucho más el empeño del francés por contribuir al juego con sus caídas a banda. El ucraniano, por su parte, parece haber perdido la chispa que le caracterizó en buen tramo de esta primera vuelta, ya no desborda ni crea ocasiones.

Quizás faltó puntería y paciencia para un equipo que no se esperaba que el Mirandés de Carlos Terrazas amenazara, por momentos, las sensaciones sevillistas.