Abril, jueves de Feria con un Real vacío y una bombonera a reventar. Después de un duro viaje a la minería centroeuropea, con una colina que recordar para siempre, tocaba redoblar pirueta y hacer la machada y vaya si se consiguió: una exhalación de pasión cien minutos más tarde y miles de almas en vilo hasta que Holanda ya se vió y pa´ Sevilla Vino. Y lo mejor, cómo vino…

Todavía se nos eriza el vello al ver a Pep, brazos al viento, detrás de un fabuloso fabuloso o recordar a un tal Enzo I de Italia como loco con la centenaria en la mano.

O a un gigante, a la postre ídolo, gesticulando sonriente: «como la hemos liado»…

O un Navarro de Valencia levantando nuestro icono que, ¿quién te iba a decir, que se convertiría en nuestra copa?

Descubrimos, por fin, lo que era llorar de otra cosa que no rabia o decepción.

Lloramos, si… Lloramos mucho, pero que sensación derramar lagrimas de emoción y amor por un sentimiento. Igual que te pasa ahora, recordando los que ya no están, pero que si estuvieron en cuerpo o espíritu en Eindhoven.

Por eso, aquel jueves de Feria es un hito histórico en el que uno de los nuestros, ahora Guardián de Nervión desde el tercer anillo, abrió la Puerta que nos cambió la vida.

Sigamos luchando por nuevos retos, apretemos los dientes de nuevo con fuerza y casi una década después, un jueves de febrero no cualquiera, evoquemos aquella noche de magia y las decenas que hemos vivido detrás, como dice nuestro credo, llevándolo en volandas por siempre a ganar… ¿Nos vemos en Nervión?