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Análisis

Análisis táctico | FC Barcelona 2-0 Sevilla FC

Morir en la orilla

Allá por febrero, cuando el Sevilla FC lograba su pase a la final de la Copa del Rey tras un empate a dos en Balaídos, en uno de los programas de análisis futbolístico del panorama nacional sólo repetían una y otra vez “ni Madrid, ni Atlético. El peor rival que le puede tocar al FC Barcelona en esta final es el Sevilla”, algo que se demostró a conciencia en el Calderón fruto de haberse vuelto adicto a la competitividad con el paso de los años.

Salió posesivo el conjunto hispalense al césped capitalino ante un Barcelona que tuvo en Neymar el fiel reflejo de este último tramo de temporada blaugrana: poca intensidad y, cuando lo intentaba se topaba con unos rivales que no le daban facilidades para completar alguna de sus filigranas.

Siguiendo esa tónica sin que realmente ninguno amenazara la integridad del marcador, Mascherano se convirtió en protagonista con su justa expulsión, no sólo cambiando el plan preestablecido por Luis Enrique, sino también el de un conjunto hispalense que no se esperaba este guión y que continuó sin arriesgar hasta el descanso para, posteriormente, dar un paso adelante en busca de la victoria.

En los segundos 45 minutos, los nervionenses tuvieron muchísima cabeza a la hora de atacar a los blaugranas, a sabiendas de que jugar muy abierto contra el Barça (sea en igualdad numérica o no) podía provocar que por dentro terminaran quebrando al mediocampo blanquirrojo con la velocidad de combinación que tanto caracteriza al equipo catalán.

Los barcelonistas cambiaron el frac por el mono de trabajo. Acostumbrados a ganar con fútbol bonito y efectista, en esta cita se vieron obligados a bajar al lodo y defender a la perfección comandados por un Piqué inconmensurable que hizo defender hasta a Messi y Neymar. De esta manera, el Barça firmaba la prórroga, reconociendo así que buscarían las flaquezas andaluzas tras un partido de alto desgaste físico en Basilea. En este contexto, los mediterráneos se encontraron con la ventaja de la expulsión de Banega, acción que les hizo pasar de estar replegados a presionar en posiciones adelantadas.

Ahí es donde comienza a aparecer Messi en conexión con Iniesta. Liberados por el centro, empezaron a surtir de balones a las bandas para ganar oxígeno, algo que también necesitaba el Sevilla.

Así, los pupilos de Emery se limitaron a mover de un lado a otro el balón careciendo de profundidad al acusar la falta de un ente organizativo-creativo como es Ever Banega. En igualdad, en lugar de jugar replegados teniendo tal cansancio, se apostó por seguir presionando arriba de manera valiente, siendo esto un automatismo que generó agujeros explotados por la rápida punta barcelonista en el camino hacia la victoria.

En la final de la Copa del Rey, el Sevilla se convirtió en un nadador que nadó y nadó a pesar de no estar bien físicamente y, cuando más cerca tenía la meta, una corriente lo alejó del sueño, dejando paso a un rival que lo mereció tanto como él.

Manuel López

Estudiante de periodismo - Bueno para debatir, nunca discutir.

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