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Análisis | Así juega Paulo Henrique Ganso

Nunca me fascinó el fútbol brasileño. Quizás por horario, por ritmo o por alicientes para visionarlo, yo nunca fui un estudioso del Brasileirao. De hecho, pocos equipos canarinhos han podido llamar mi atención como lo hizo allá por 2008 aquel Santos que, tres años más tarde, sería campeón de la Copa Libertadores. Ese combinado, para la mayoría, será recordado por el nombre superlativo de un chaval con cresta que hacía (y hace) filigranas: Neymar.

Pero lo cierto es que había otros nombres que incluso me llamaban más la atención, como era el caso de Danilo, Rafael, Arouca o, sobre todo, el de un tal Paulo Henrique Ganso, un futbolista capaz de polarizar todo el juego en sus  pies,  y llamado a ser uno de los baluartes de la pentacampeona del mundo.

El dominio de todas las fases del juego invitaba a que hiciera las maletas en busca del salto a Europa, lugar donde numerosos equipos del top 10 mundial se lo rifaban. Las expectativas eran tan grandes como la lesión  de rodilla ante el Gremio que lo alejó de ellas, siendo este momento clave en el devenir de su fútbol. No volvió a ser el mismo.

El Santos, cansado de esperar la vuelta de lo que fue, lo decidió vender al Sao Paulo en lo que, según dijo duramente el presidente de su equipo origen, era una transacción donde se vendía a un exfutbolista. Desde ese momento, hasta aproximadamente hace dos años, el de la cantera meninos da Vila estuvo intentando retornar a lo que fue, cosa que ha conseguido parcialmente cambiando su estilo de juego.

Pasó de ser un mediapunta de asociación, llegada y último pase, a jugar algo más alejado del área, acercándose a zonas más creativas y teniendo menor recorrido, manteniendo la llegada desde segunda línea.

Es un futbolista que, de rendir con Sampaoli, sería un objeto de lujo a precio de ganga, un Mercedes Clase A a coste de un Seat. Brillante en la toma de decisiones, sobresale en estos menesteres gracias a una alta capacidad de previsión que le permite ver a compañeros incluso antes de recibir el pase, acción que se ve facilitada gracias a su óptimo manejo de todas las superficies del pie a la hora de ser pasador.

Otro de los matices que han caracterizado a Ganso en sus andanzas futbolísticas ha sido su gran pegada, no sólo en el desarrollo del juego en sí, sino también en cuanto a las jugadas a balón parado, algo que a buen seguro le vendrá bien al técnico sevillista para avanzar en la estrategia.

En su haber tiene la carencia de las lesiones, que en muchas ocasiones le privan de jugar gran parte de la temporada y, en la mayoría de casos, corta el hilo de buenas actuaciones, cosa por la cual tiene la fama de ser irregular.

En el esquema de Sampaoli nos podríamos encontrar con dos versiones distintas de este futbolista. Por un lado, es un efectivo que viene a sumar desde el puesto clásico de 8, es decir, lo que fue Valdivia en la Chile del preparador nervionense: el encargado de marcar los tempos y la organización del juego; Por el otro, según apuntaba la prensa brasileña, tendríamos delante a un mediocentro de salida y creación pura por delante de la defensa, un regista como, salvando las distancias, fue en su día Andrea Pirlo.

Siempre y cuando le respeten las lesiones, gane en confianza y se adapte al frenético ritmo de La Liga, el Sevilla tendrá sobre el tapete verde del Pizjuán a un verdadero metrónomo que marque las pautas del juego con la creatividad que siempre le ha caracterizado.

Manuel López

Estudiante de periodismo - Bueno para debatir, nunca discutir.

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