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Análisis

Análisis táctico | Sevilla FC 0-2 FC Barcelona

La balanza de lo malo

Leía antes de escribir este análisis que en el fútbol, así como en cualquier parcela de nuestra vida, siempre pesan más los errores que los aciertos, cosa que ayer se vio descrita fastuosamente con el encuentro de ida de la Supercopa de Europa disputado entre Sevilla y Barcelona.

Partiendo de que prácticamente en cuatro días es imposible pulir los defectos vistos en Trondheim, los sevillistas salieron al tapete del Sánchez Pizjuán con la misma idea que predominó en la última cita y que, probablemente, estará presente también en el resto de encuentros: tener la pelota como método de atacar y defender, algo que indudablemente invita a correr riesgos.

En la parcela defensiva, ante la cantidad de bajas que había, Sampaoli dejó paso a la pareja Rami-Mercado, la cual demostró gran compenetración a pesar de los pocos días en el grupo del argentino. Ambos mostraron grandes facultades a la hora de anticiparse al rival, sobre todo Mercado que, como central zurdo, tenía la obligación de tapar a Messi cuando fuera necesario.

De tal modo, Messi estuvo muy participativo lejos del área con un triángulo pegado a él que evitaba su presencia en el área en calidad goleadora. Escudero y N’zonzi tapaban la salida interior y exterior, y en caso de salida de ahí, Mercado era el encargado de cortar la acción.

Con el nuevo técnico, ataque y defensa fueron uno con la presión adelantada. En la primera mitad sobre todo, la recuperación de los hispalenses era casi instantánea tras pérdida, automatismo que noqueó parcialmente a los catalanes. Eso sí, con el balón en los pies, el mediocentro local no tuvo la incidencia ni la velocidad necesarias para percutir en dirección a la portería defendida por Bravo. En otras palabras, se recuperaba fácil pero se tenía la posesión por tener.

Ese automatismo continuo de presión lleva implícito detrás una gran forma física que de ninguna de las maneras se puede tener a estas alturas. Incluso ni la dosificación de esfuerzos tiene que ver con la vista en la época de Unai Emery. A medida de que pasen los entrenamientos, veremos a un Sevilla cada vez más eficaz y con mayor proyección en tiempo a la hora de presionar al rival, no como ante el Madrid y Barcelona, que en la segunda mitad se pegó un bajón considerable que permitió a los correspondientes y descansados rivales ir un puntito por delante.

Los nervionenses le plantaron cara a los azulgranas, pero dado el contexto defensivo de bajas, la lesión de Escudero se antojó esencial en el devenir del encuentro y de la eliminatoria. Si de por sí el equipo era ofensivo, meter a Sarabia en detrimento del mencionado lesionado implicaba un cambio más brusco si cabe.

En ataque, a pesar de esa falta de verticalidad y disparo preocupante, Vitolo se ha erigido un buen líder que actúa como vehículo de cohesión perfecto entre el Sevilla de Unai Emery y Jorge Sampaoli. Él no ha cambiado. Vale igual para uno que para el otro.

Ben Yedder y Vietto intentaron absolutamente todo, aunque fue el argentino el que tuviera más presencia en el juego con su movilidad y fútbol de apoyos. El problema es que a la par que generaba soluciones, creaba problemas. Caía a banda y cuando se miraba al área, no había nadie para rematar, puesto que la segunda línea tenía problemas para ocupar el espacio dejado por el 9. Esta situación se puede cambiar con un mediocentro de tres impuesto de forma escalonada que invite a ir en lugar de esperar.

A pesar de tener pérdidas “tontas”, los  rojiblancos sólo concedieron dos contraataques rivales con peligro. Quizás sí sufrió en salida con la irregularidad del tándem Kranevitter-N’zonzi.

El resto de matices son meramente contextuales en este proceso de ir asimilando el fútbol propuesto por Sampaoli. Falta aun mucho por mejorar, pero es muy placentero ver cómo, tras el terremoto vivido en la entidad este verano, todo se empieza a reconstruir en torno a los tiempos necesarios. Además, los riesgos que toma el Sevilla no siempre van a ser respondidos por los dos mejores equipos del mundo.

En estos momentos sólo hay que tener paciencia, ver la botella medio llena y la balanza igualada. Que nada ni nadie os quite la ilusión. Este Sevilla con un par de retoques, algo de más físico y tiempo, puede ser lo nunca visto en el coliseo sevillista.

Manuel López

Estudiante de periodismo - Bueno para debatir, nunca discutir.

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