Una mala noche

No puedo dormir. Con el móvil entre las manos, escribo este análisis con el fin de recapacitar sobre lo ocurrido en el verde de Trondheim. Doy vueltas y vueltas en la cama, y lo único que tengo claro es la hora que marca el reloj. No atino a encontrar el porqué de esta derrota.

Por la cabeza se pasan muchos matices del partido, sobre todo el gol de Ramos. De ahí extraigo que a veces, a los que tratamos de analizar balompié, se nos escapa el factor psicológico, el cual, en este caso, destrozó a unos hispalenses pletóricos cuando más cerca estaban del entorchado. Una y otra vez retumba y sigo sin encontrarle sentido a esta locura.

Me acuerdo de Tiflis, del 4-4, del gol de Pedrito. Y sí, las sensaciones empatan en cuanto a intensidad, pero hallo un halo diferente en esta derrota en el sentido de la propia sensación. Contra el Barcelona nos metieron cuatro y tuvimos que remar, pero hoy hemos remado sin necesidad de encajar.

Desde el principio, uno de puntos más innovadores y agradables de la cita, fue la supresión de la arquitectura táctica tan asociada al fútbol de nuestros días. Los futbolistas se movían con libertad en un 1-3-1-4-1-1 en fase de ataque y presión, y en un 1-4-3-3 cuando no quedaba más remedio que de retrasar las líneas ante el avance madrileño. De esa manera, todo quedaba reducido a una gran cantidad de variantes tácticas.

Justo cuando mis párpados parecían caer, inevitablemente sonrío con el regusto de una defensa de tres que hace un mes me parecía impensable y hoy veo como una maravilla, como una forma perfecta de cerrar espacios interiores con Pareja comandando, los carrileros asistiendo tanto en defensa como en ataque (con un Vitolo que es milagroso que siga en este conjunto) y un ancla de ayuda por delante.

La primera parte ha sido una igualdad táctica sin precedentes que sólo Asensio, con una genialidad aislada, ha sabido romper. La segunda un monólogo en rojiblanco que consigue el culmen de adelantarse en el marcador y que, si por sí mismo no fuera poco, encuentra la jactancia de seguir presionando para no perder la inhabitual costumbre de robar y tener la pelota para incomodar al rival y perpetrar la continuidad de una sensación de peligro que parecía dar garantías de lograr una mayor renta.

Incluso la retaguardia se vio mejorada en salida con el criticado cambio de Carriço por Rami (aunque luego falló en el marcaje), algo que agradeció encarecidamente el centro del campo con la llegada de balones cristalinos a su zona. Parcela liderada por un Iborra de cierre que muchos pensábamos que no tendría cabida en el nuevo sistema y que hoy demuestra lo contrario.

N’zonzi en cambio no tuvo su día, no logró romper líneas como suele hacer con sus conducciones de zancada larga, quizás porque va «en pack» con Kranevitter, y cuando uno no juega… Por eso, cuando ambos coincidieron en el campo, hubo una notable mejoría dada su buena conexión en fase de salida.

La mayor alegría me la llevo probablemente con dos fichajes: Kiyotake y Franco Vazquez. El nipón, que de milagro llegaba a la Supercopa después de su lesión, dio continuidad a su juego exhibido en Alemania con una clase práctica de cómo hacer fácil lo difícil, de pragmatismo a raudales. En el caso del versátil mediapunta italoargentino, me sorprendió el «algo va a pasar» cada vez que tocaba balón, sobre todo cuando se acercó más al área como falso 9. Moviéndose por todo el frente, templó los tiempos, no generó pérdida en riesgo, dio ventajas a sus compañeros, y desde ahí incluso empató el partido. Y eso que aún no está en la forma física adecuada.

Con sabor agridulce me dejó Konoplyanka. Tenía todas mis expectativas en él tras la gran pretemporada realizada, además el Madrid era su rival fetiche, los focos lo señalaban y el contexto de partido en el que aparecía lo señalaba con el dedo índice: su equipo necesitaba verticalidad. Tuvo su ratito de gloria con el penalti para luego diluirse entre la más absoluta nada e incluso dar lugar a balones perdidos como el del 3-2 de Carvajal cerca de su propia área a escasos minutos del pitido final.

El fútbol es un juego de errores y aciertos en el que, en Noruega, los rojiblancos no se llevaron el combate por fallos puntuales a pulir.

Rememorando la pérdida tras saque de banda propio en el gol de Asensio, la de Franco Vazquez en el córner que dio lugar al remate libre de marca de Ramos o la expulsión de Kolo, sólo puedo decir que hay mucho que mejorar, que esta es la versión beta del fútbol propuesto por Sampaoli, que tendrá actualizaciones día sí y día también, y que, en definitiva, también hay que valorar el esfuerzo del equipo por aferrarse a un fútbol casi antitético a lo practicado con Emery en tan sólo un mes.

Por tener en cuenta, debemos de tener hasta la ingente cantidad de tiempo que han estado lo sevillanos aguantando la posesión con uno menos, en busca de no exhibir pelotazos que facilitaran el trabajo a los merengues, haciéndolos presionar y buscando alternativas en el juego que estuvieron pero no se factilizaron.

Cuando voy a apagar la lámpara de mi mesita de noche, bebo un sorbo de agua y, al colocar la botella en su sitio, no tengo más remedio que verla medio llena. Puede ser que sea un tipo optimista, puede que me pueda la ilusión, puede que crea demasiado en Sampaoli…

Reflexivo acabo por tener sueño, falta poco para que vuelva a sonar el despertador, pero estoy tranquilo, porque lo vivido sólo fue una mala noche, porque a partir de ahí todo es remontar, porque lo bueno del fútbol es que te da continuas oportunidades de resarcirte, y, por suerte para el sevillismo, la próxima es este fin de semana.