Cambiar y avanzar

Deportivistas y sevillistas se encargaron de dar calor a los suyos a pesar del ambiente frío que presidía Riazor. Con dos situaciones antitéticas pero de igual necesidad, los dos contendientes del choque se veían las caras para luchar por sus respectivos objetivos, cosa para la cual disponía el Sevilla un once pensando en Champions, todo lo contrario que un Deportivo que salía con absolutamente todo.

Analizaremos a partir del gol de Babel, puesto que esa primera jugada no nos lleva a valorar nada, más allá de una cadena de fallos con final fatídico para los nervionenses. Los gallegos, lejos de arroparse cuando se adelantaron, presionaron en zonas adelantas a su rival, acciones que no se terminaban de convertir en robos pero que sí dificultaban el avance rojiblanco. De ahí sacamos que los visitantes dominaban mediante la posesión, pero no terminaba de someter dado lo estéril de esta.

Incluso podríamos incidir en la idea de que el Depor estaba cómodo con esa situación que no le exigía tanto desgaste como debería. Ninguno de los dos se acercaba al arco contrario. La diferencia estaba en que uno tenía la pelota y el otro no.

El Sevilla suele volcar su juego por el costado zurdo, pero Escudero no tenía a nadie por delante que le limpiase el camino para él poder avanzar con metros libres por delante. N’zonzi entraba en contacto con la pelota, pero no era mediocentro de ida y vuelta, estaba en tierra de nadie. Vietto iba a recibir a zonas de creación y dejaba desocupado su lugar como ariete. Ganso iba y venía, pero no terminaba de encontrarse cómodo ante la cercanía de líneas locales.

Esa fue la tesitura del conjunto hispalense durante apenas 35 minutos. Hasta que N’zonzi no pisó área desde atrás, su equipo no terminó de cuajar la primera jugada de verdadero peligro. La del gol. Hacía falta un futbolista dinamizador de las posesiones, que evitara que estas fueran pesadas y facilitaran la tarea defensiva a los blanquiazules. Se pasó a defensa de cuatro, y Vitolo, él sólo, cambió el encuentro.

Los segundos cuarenta y cinco minutos fueron tácticamente una maravilla para los andaluces. Todas las irregularidades comentadas en la primera parte se desvanecieron. N’zonzi apoyaba a Kranevitter en salida y llegaba a las inmediaciones de Tyton, Vietto podía desocupar su lugar teniendo a Ben Yedder para ocuparlo, Franco Vazquez generaba acercándose a la génesis y los laterales se prodigaban aún más por fuera. Impecable cambio gracias a los cambios.

Luchó el Sevilla con corazón y cabeza a partes iguales para terminar llevándose uno de esos partidos que uno valora muy positivamente al final de campaña. Algunas facetas que mejorar, pero lo que queda de manifiesto es que este Sevilla compite que da gusto.