Superioridad en la inferioridad

Con la gran trascendencia que exhalaba la cita por sí sola, Sevilla y Juventus se vieron obligados a mostrarse cautos en su fútbol, con una alta dosis de respeto ante los desencadenantes que podía generar el más mínimo error. Conscientes de ello, Allegri y Sampaoli sacaron su mejor once en relación a las circunstancias que sus correspondientes equipos vivían en las horas previas al encuentro. El argentino apostó por su esquema fetiche en las últimas citas de 3-4-2-1 donde el nombre de Nasri no aparecía ni en el banquillo; el italiano pasaba a defensa de cuatro ante las lesiones de Barzagli y Chiellini, con un claro 4-3-3 en ataque que en defensa se transformaba en un claro 4-5-1.

En ese contexto que ambos entrenadores habían aportado, tras unos minutos de tanteo en los que ninguno de los dos logró ser superior al otro en ninguna de las facetas posibles del juego, los sevillistas, viendo el posicionamiento de atacar adelantados en el inicio y luego recostarse en campo propio de los de azul, decidieron romper por un sitio que nadie esperaba. El costado zurdo, por dentro.

Infografía: Propia | Imagen: Bein Sports
Infografía: Propia | Imagen: Bein Sports

Presionaban adelantados los de blanco para obligar a Buffon a salir en largo sin un patrón concreto para la salida de pelota limpia en largo. Coincidió esto con que Escudero comenzó a aparecer desde segunda línea ganando los duelos aéreos a los turineses. No podían con él. Robaba, se asociaba, y llegaba a zonas de peligro con incidencia. Asociado con Vitolo y esperando el temple de Franco Vázquez y N’zonzi para aparecer cuando fuera necesario, su equipo estaba anulando por completo a una Vecchia Signora que dejaba todo al azar de lo que Cuadrado pudiese hacer.

Con empuje y tesón, Pareja ponía justamente por delante a su equipo. En teoría las líneas rivales se iban a abrir y ahí tenía que hacer daño el combinado hispalense, pero por elección del destino, el ente clave en control del tempo, Franco Vázquez, quedó expulsado tras dos amarillas en un periodo corto de tiempo, dejando a su equipo con uno menos durante unos 55 minutos que restaba al partido. A eso se le sumó el empate al filo del descanso como jarro de agua fría.

El empate clasificaba a los dos. Los nervionenses se defendían con uñas y dientes, pero sintiéndose cómodos, puesto que la Juventus sabía que en cualquier momento habría una acción determinante y definiría el encuentro de su lado. No tenía prisa. El plan de Sampaoli estaba siendo perfecto para contener al contrario y encontrar en alguna acción aislada al primer Vitolo delantero de la temporada. El juego ofensivo se seguía cargando por la izquierda, y Sarabia estaba leyendo el partido a la perfección.

Todo se desmoronó en un balón frontal que Bonucci caza en el borde del área para acabar así con las pretensiones sevillistas. De ahí, al final, todo es un cúmulo de situaciones surgidas a raíz de la agonía de tener que ir a Lyon a ganar cuando estabas clasificado hace dos semanas ante el Zagreb a cinco minutos del final en el Juventus Stadium.

Siempre está mal perder, porque al final miramos el resultado pase lo que pase en el terreno, pero el Sevilla compitió ante la todopoderosa Juve, para demostrar que sí, que tiene nivel para hacer cosas grandes. Toca crecer y aprender de la derrota, no queda otra.