Choque de humildad

Siempre tendemos a centrarnos en los resultados, más allá de cómo se hayan producido estos. Lo cierto es que, si tenemos algo de perspectiva, a pesar de que se ha dejado atrás la racha negativa fuera de casa, cuando el Sevilla actúa de visitante cambia de ideas de manera rotunda como vimos ante Sporting, Leganés, o, en este caso, Granada. Equipos inferiores a los hispalenses que han puesto las cosas complicadas.

Otro de los axiomas que nos ha mostrado el fútbol a lo largo de su historia, es que si algo funciona no hay por qué tocarlo. Sampaoli lo hizo. El 3-4-2-1 que venía desarrollando se diluyó en Los Cármenes en pos de un 4-4-2 casi antiestético que facilitó la validez del planteamiento inicial de Lucas Alcaraz.

El Valencia ya lo había apuntado en el último encuentro en el Sánchez Pizjuán. Al Sevilla se anulaba, anulando a Nzonzi. A pesar de tener en los últimos precedentes una gran cantidad de efectivos por dentro, los sevillistas eximieron ese punto ante un Granada que presentaba hasta cinco mediocentros en presión que dieron un paso hacia delante para tapar al mencionado francés y obligar al rival a salir por el costado zurdo, donde Mercado ocupaba incómodamente el lateral.

Parece ser que eso ya lo sabía Sampaoli, y por ello puso a Kranevitter al lado del francocongoleño, para que emergiese cuando se diese la tesitura comentada. El fallo estuvo en que el argentino no supo convertirse en Nzonzi, cosa que sirvió como componente agravante de todo lo comentado.

La falta de pegada de toda la temporada, no iba a ser una excepción en este encuentro. Ni Vietto, ni Franco Vázquez, ni el resto de la segunda línea se mostraron punzantes. Y menciono a estos dos porque son los dos casos más preocupantes. Sabemos que el ariete no es delantero puro, que aporta muchas cosas al juego, pero que de cara a la portería contraria tiene muchos déficits estructuralmente basados en la desidia que transmite a sus compañeros y al espectador. Algo parecido ocurre con ‘El Mudo’, futbolista que no hace ningún partido bueno desde el primero de liga ante el Espanyol, y parece intocable. Eso sí, con la entrada de Ben Yedder, la cosa cambió. El daño se multiplicó y,a la vista está, aportó más al juego y al gol, aunque este fuese de penalti.

Cura de humildad para este Sevilla que, a pesar de haber ido ganando en las últimas citas, ha mostrado que tiene una serie de malos hábitos o vicios que, a día de hoy, le impiden competir de tú a tú a equipos como Madrid y Barcelona, a pesar de que esta jornada era propicia para ello.