Muchos tienen unido el nombre de Nico Olivera con el derbi del palo. Aquel partido de otros tiempos en el Villamarín con los dos equipos en Segunda división. Un encuentro que terminó, como parece la norma, con la victoria sevillista por 1-3 con doblete del charrúa a pesar de que los de Nervión jugaron casi toda la segunda parte con uno menos, por expulsión de Pablo Alfaro. “Olivera dejó mudo a Heliópolis” rezaba un titular de la prensa sevillana que reconocía al uruguayo como verdadero artífice de la remontada del equipo de Caparrós. Tal vez fue uno de los días más felices del delantero uruguayo durante su estancia en Sevilla.

Nico Olivera y Bob Marley | Foto: Sevillismo en Vena
Nico Olivera y Bob Marley | Foto: Sevillismo en Vena

Con el equipo de Nervión, Olivera sumó más de cien encuentros y treinta y dos tantos. Se ganó el cariño de gran parte de la afición y llegó a ser capitán sevillista. Después de despuntar en Defensor Sporting y recibir el Balón de Oro del Mundial sub-20 de 1997, Nico Olivera había firmado con el Valencia pero fracasó estrepitosamente. La presión sobre Olivera era enorme y, cómo muchos fichajes de Sudamérica, se le reconoció como el futuro “Maradona” antes de empezar a jugar. En el verano siguiente fue traspasado a un Sevilla que intentaba salir a flote tras su descenso a Segunda división. Logró dos veces ascender a Primera división. La primera con Marcos Alonso para volver a descender al año siguiente; la segunda con Joaquín Caparrós, su mejor año en número con los sevillistas, con dieciséis tantos – hat trick incluido contra el Leganés-.

Olivera es especial. Desenfadado y hermano de sus amigos. Antipático y cerrado con los que permanecen fuera de círculo más íntimo. En Sevilla dejó ejemplos de su personalidad. Fue muy comentada la agresión a un grupo de jóvenes a altas horas de la madrugada junto con alguno de sus compatriotas en una discoteca de la capital hispalense. Sancionado por el club, rompió entonces el silencio del vestuario para criticar a su entrenador, Marcos Alonso. El psicólogo de los futbolistas, Joaquín Caparrós logró recuperarlo efímeramente para el ascenso de la temporada 2000/01. Después, volvió a perderse. Probó fortuna en el fútbol español sin mucha suerte en Córdoba, Valladolid o Albacete antes de regresar a sus orígenes, al Defensor Sporting. Parecía la estación de llegada del fiel seguidor de Bob Marley pero Nico Olivera sorprendió a todos, marchando hace unos días años a México donde vivió una etapa dorada en cinco equipos diferentes: Necaxa, Atlas, Puebla, América y Correcaminos, hasta decidir, ahora para siempre, regresar a Defensor.

El famoso clan uruguayo en Sevilla: Tabaré, Olivera, Otero, Podestá, Rabajda y Zalayeta | Foto: Colussos contra Kukletas
El famoso clan uruguayo en Sevilla: Tabaré, Olivera, Otero, Podestá, Rabajda y Zalayeta | Foto: Colussos contra Kukletas

Con la retirada de Olivera lo hace el último representante de un Sevilla lleno de uruguayos que coincidió con los momentos más difíciles de la historia reciente del club. Los nefastos negocios con el Sevilla del representante Paco Casal se repitieron, con contados éxitos y llenaron de uruguayos la plantilla del Sánchez-Pizjuán. Tabaré Silva, después de volver a Uruguay, tras probar suerte en Elche y Levante, se convirtió hace unas temporadas en míster, encargándose de equipos sudamericanos en Uruguay, Bolivia, Perú,…Actualmente, entrena al Aucas ecuatoriano. Gabi Correa jugó una única temporada en Sevilla y al año siguiente se retiró en el Hércules para dedicarse a los banquillos por el fútbol modesto español. El de mayor éxito entre todos los uruguayos fue Marcelo Zalayeta, el delantero gigantón que durante la mayor parte de su carrera futbolística fue integrante de la Juventus. El año pasado se precipitó su retirada cuando formaba parte de la plantilla del Peñarol de Montevideo y fue destituido Pablo Bengoechea.

Podestá celebrando con Olivera su gol al Tenerife | Foto: El Desmarque
Podestá celebrando con Olivera su gol al Tenerife | Foto: El Desmarque

Marcelo Otero apenas levantó cabeza tras su penoso paso por Sevilla y el cancerbero Gerardo Rabajda – creo que disputó tres encuentros -, se retiró y es ahora empresario e intermedario de porteros. De todos ellos, hay que dedicar un especial recuerdo para Inti Podestá. Su pundonor, su sacrificio y su amor propio después de aquella lesión de rodilla que le obligó a retirarse con veintisiete años le hizo ganarse a la afición sevillista. El fútbol, por una vez, hizo justicia y grabó su nombre en la historia del Sevilla FC cuando un gol suyo frente al Tenerife devolvió al club a Primera división en 2001.