Otro día en la oficina

El frío que hacía acto de presencia en El Sadar, era la metafórica sensación que abrumaba históricamente al Sevilla en sus visitas a Pamplona. Sólo en dos de las últimas 16 ocasiones, los sevillistas habían conseguido llevarse los tres puntos de ese feudo, cosa que, unida a la suficiencia negativa que uno respira tras haber ganado al Real Madrid, podía convertirse en un cóctel molotov de manual.

Partiendo de que el planteamiento de Jorge Sampaoli se ceñía a lo que tenía sin Nasri y Vitolo, el punto clave de incidencia era que no tenía ningún recambio de las mismas características en la plantilla, de tal forma que Jovetic entró por el canario e Iborra ocupó la parcela del marsellés. Obviamente, ninguno de los dos se parece a sus homólogos, pero no quedaba otra.

Con un fútbol arcaico, más con tintes ingleses que españoles, Osasuna comenzó a atacar mediante pelotazos. El balón no pisaba la fría hierba osasunista, el Sevilla se sentía incómodo y por arriba era muy difícil ganarle a los rojillos. Este mix llevó a que todas las disputas individuales las ganaran unos locales que, con más corazón que cabeza, empujaron al Sevilla hasta su área con tremenda violencia. No recibieron respuesta contraria y, con el paso de los minutos y el marcador a favor se sentían cómodos.

Ni N’zonzi, ni Iborra, ni los laterales eran capaces de generar una salida limpia de pelota. Los dos primeros porque prácticamente, al estar en paralelo, se estorbaban; Mariano y Escudero porque los interiores no arrastraban efectivos rojos hacia el centro para dejarle los carriles libres. Todo esto unido a una desconexión entre la delantera y el centro del campo que dejaba a los atacantes en una isla. Sólo les llegaban balonazos, y su envergadura no facilitaba la recepción de ellos.

El guión cambió cuando pasaron los nervionenses a jugar con defensa de cuatro con la entrada de Sarabia como ente dinamizador de las posesiones y nodo de conexión entre el centro del campo y la delantera. A partir de ahí, los andaluces comenzaron a llegar con más efectivos a zona de remate, y fue cuestión de tiempo que la renta se aumentase.

Este tipo de partidos en una amplia gama cromática de grises, es el que, al final de temporada, designan a un campeón. Primera vuelta histórica que hace soñar a los hispalenses con una nueva temporada marcada por luchar nuevos éxitos, con muchos días en la oficina currando.