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Me he llevado toda la mañana realizando análisis infinitos del partido de forma continuada. Ninguno de ellos me ha salido igual, y siempre se me quedarán cosas en el tintero. Lo cierto es que ayer acudimos, por primera vez en toda esta campaña, a un encuentro donde el Sevilla no compitió, y no tuvo tramos dominadores como sí había tenido contra Barcelona, Madrid (Supercopa de Europa) o Juventus, partidos en los que se perdió pero se dio la cara.

Decía Vince Lombardi, que “ganar no es sólo un pensamiento, sino es todo en lo que hay que pensar”. Eso le faltó ayer al Sevilla. No se lo creyó. Salió al tapete verde del Bernabeu superado por las circunstancias y derrotado en el alma, cosa que sólo se podía proyectar en una actitud nefasta a la hora de afrontar una final anticipada. A partir de ese rasgo, nada podía salir bien.

Los hispalenses entraron relativamente bien en el envite, con una presión adelantada que encontró a Correa como un desahogo a las espaldas de la retaguardia merengue. Pero esto sólo duró diez minutos, hasta que el Madrid quiso. Suena fuerte, pero al Madrid le vinieron muy bien las bajas de la BBC (Bale, Benzema, Cristiano) ¿Por qué? Simple. El talento individual de estos es una amenaza permanente, pero ayer, ante el Sevilla, los locales necesitaban más de gente de trabajo, de obreros del fútbol que  presionasen al rival  y no lo dejasen salir limpiamente. Todo esto se ve en la acción del primer gol, en el que roba el teórico ente más defensivo del mediocentro madridista, Casemiro. Les salió bien, y a los 15 minutos podían ir 3-0. Torrija monumental de los sevillistas.

No nos esperábamos que el Madrid nos presionara tan arriba”, apreciaba Pablo Sarabia en zona mixta. Bastó media hora de los capitalinos para dejar en la lona a los de Sampaoli. Un torbellino con inicio en la banda zurda de Marcelo, que no fue capaz de arreglar el técnico argentino hasta el descanso, cuando ya era tarde. De por sí era arriesgado meter a Ganso ante este rival, pero esa sensación se veía incrementada poniéndolo de extremo diestro. Cuando la perdía, no se esforzaba en bajar y Mariano se encontraba con un “dos para uno” de manual.

Lejos de imponer un doble pivote, Iborra y Nasri estuvieron por delante de un N’zonzi ahogado por la superioridad rival en campo propio. El valenciano no bajó un escalón para ayudarlo a eximir la presión, simplemente se mantuvo en esa posición durante toda su participación, sin pasar al doble pivote en ningún momento. Ni con la entrada de Kranevitter.

Tardó muchísimo en reaccionar Sampaoli, dando la sensación de que en ningún momento se buscó meter un gol que cambiase la eliminatoria. Dejó una lectura de partido deficiente para lo que se pedía, en lo que fue la primera vez que alguien superó tangiblemente a este conjunto sevillano. Al despropósito de partido andaluz, se unió falta de puntería y un árbitro que incidió en el resultado de una eliminatoria que sería otra historia de haber terminado la primera mitad 1-0. Pero eso ya son cábalas y divagaciones. Sólo queda honrar el escudo a la vuelta, y poca cosa más.