Son errores

Como cualquier aficionado al fútbol, ayer me dedique a ‘bichear’ las tertulias deportivas que la televisión española me ofrecía. En todas ellas se le quitaba hierro a la victoria sevillista con un difuso argumento: “el Sevilla gana por dos errores del Real Madrid”. No podía salir de mi asombro, porque es un axioma. Todo gol está propiciado por un error previo, de tal forma que, en caso de que hubiera ganado el Real Madrid, también lo habría hecho ‘por culpa’ de una mala salida de Sergio Rico (más allá de que la acción en sí sea cuestionable). El fútbol son errores de un equipo, que el contrario aprovecha para acertar. No hay más.

Tras verse la cara hasta tres veces antes de esta primera cita liguera, Sampaoli y Zidane se mostraban conocedores de los puntos fuertes y las debilidades del otro. Por tal situación, apabullado por la ‘turbulenta’ imagen del Sevilla en el último envite copero, el francés salió un un 3-5-2 que pretendía culminar una simbiosis total con lo que teóricamente iba a proponer Sampaoli, en busca de tapar a mejor la ofensiva por acumulación rojiblanca y responder a la subida de los propios carrileros. La cosa está en que el de Casilda pilló a pie cambiado al entrenador capitalino al sacar una defensa de cuatro incluida en el 4-2-3-1 más de Emery que de él mismo.

¿Cómo sería entonces un partido donde no hubiese errores? El ejemplo más claro lo tendríamos en la primera mitad de esta contienda, en la que ni Madrid ni Sevilla tuvieron ocasiones de peligro real, dada la gran actuación de ambos ciñéndose a su plan inicial. Extremadamente interesante de analizar. Los andaluces no concedieron opción de contragolpear al Madrid mediante el dominio inteligente de las posesiones; los madrileños impidieron percutir con facilidad a los sevillanos.

Con la defensa de 3+2, Zinedine Zidane logró sus objetivos de defenderse ante ofensivas multitudinarias de su rival, pero en las labores de creación encontraba un problema que sólo se solucionaba parcialmente con Cristiano o Benzema bajando a recibir a zona de medios. La explicación de todo esto, reside en que con la pelota, Ramos, como falso libre, se sumaba al centro del campo como cierre de empuje a Casemiro y Kroos. Esta tarea liberaba a Luka Modric como mediapunta o tercer hombre de ataque, rol que había cumplido en White Hart Lane, pero todos los balones le llegaban sin ventaja. Kroos era el que tenía que estar en su lugar, y él en el de Kroos. No hay volantes mixtos como él, y a la hora de la salida, toda la creación se concentraba en Carvajal y Marcelo, algo ‘antiestético’ para un conjunto con tan buenos creadores.

Por su parte, el preparador sevillista dispuso un dibujo más rígido de lo que suele plantear, con Nasri como falso interior zurdo que se metía para crear superioridad en el centro junto a Iborra, N’zonzi y, en ocasiones, Franco Vázquez. Esto invitaba a dejar las bandas para Escudero y Mariano cual autopistas, cosa que llevaba implícito el riesgo de que Marcelo apareciese ante tan poca ayuda a su compatriota sevillista. Ben Yedder lo evitó. Para entendernos, Sampaoli presentó un plan inicial parecido al partido de Copa en el Bernabéu, pero en la diestra no estaba Ganso y sí el ex del Toulouse.

Nadie quería correr riesgos dado que cualquier mínimo detalle podía decantar la balanza, pero fueron los locales los que intentaron golpear primero tras el interludio de descanso. Salió a presionar arriba y se abrieron algunas más líneas. Propusieron, pero terminaron adelantándose los madrileños.

En ese punto, del banquillo hispalense salieron los dos efectivos que necesitaban. Jovetic y Sarabia. Ya habían sumado mucho en el último partido, y en este lo volvieron a hacer. Necesitaba Sampaoli dinamismo, y el ex del Getafe se lo dio. Necesitaba también alguien dinámico con buena pegada desde fuera, y le llegó desde Montenegro. Pocos equipos empatan a breves minutos del final ante el Real Madrid, y recogen el balón de las redes para remontar. El hambre del amateurismo ha calado a todos, incluso a rivales de mayor entidad que pocas veces históricamente han cambiado el esquema propio por lo que se le podía venir por parte del contrario.

El Sevilla demostró que tuvo menos errores a pesar de correr muchos más riesgos. Creyó que se podía hacer daño al Madrid, y, mirándolo cara a cara, terminó de remontar con un zapatazo de Jovetic que, inevitablemente, hace soñar con una liga mejor y más disputada.