Todos quisimos ser Astérix y Obélix alguna vez. Todos soñamos con defender una causa frente a mastodontes con todas las de ganar que no lo conseguían. A pesar de todas las piedras que les ponían en el camino a sus personajes principales, todos nos divertimos con los cómics de Albert Uderzo y René Goscinny. Hoy, ese “todos” se reduce a una pequeña región al Sur de España que lucha contra la hegemonía de los dos imperios futbolísticos más fuertes del mundo. No es la Galia, es Sevilla; No son los galos, son los sevillistas.

Llámenlo como quieran. Los galos, la Alianza Rebelde de Star Wars o incluso los Stark en Juego de Tronos. Alguien amenaza la supremacía de Real Madrid y Barcelona, y cualquier método será óptimo para acabar con esa minúscula aldea que sólo tiene de su lado a los suyos. ¿Para qué quiere más?

Mirar cara a cara a semejantes monstruos durante toda una temporada completa, se antoja harto complicado por la cantidad de puntos que promedian campaña tras campaña, pero como al Sevilla le dé por estar ahí arriba molestando, acostúmbrense a las campañas de desprestigio contra su equipo. La mirilla lleva semanas con el objetivo puesto en la capital andaluza, exactamente desde que el azaroso destino dejara en el sorteo de Copa un Real Madrid CF-Sevilla FC.

Desde aquel día, si la memoria no me falla, Nasri se ha dopado, N’zonzi no ha querido renovar, la afición sevillista es salvaje y criminal, y lo último, el Sevilla está ahí por las ayudas arbitrales. Pues bien, pasado el choque copero, nadie más ha escuchado hablar de la AEPSAD (Agencia Española para la protección de la Salud en el Deporte); N’zonzi está negociando su renovación en un proceso que, en palabras de Monchi, “va poco a poco, queda trabajo por hacer y esperemos que se llegue a buen puerto”; estigmatizada la afición sevillista, no han habido evidencias para cerrar ni total ni parcialmente el Ramón Sánchez Pizjuán; y hablar desde ciertos medios de beneficios arbitrales sin tener en cuenta los perjuicios y sin mirarse el ombligo, es de tener poca capacidad analítica.

El club de Nervión no se cayó a una marmita de pequeño, pero sí tiene en Monchi y Sampaoli su elixir para combatir a cualquiera que se ponga por delante, y eso que no son pocas las veces en las que el Imperio hegemónico ha tentado a los dos para dar su receta. Infructuosamente, a día de hoy, siguen sin conseguirla por mucho cheque en blanco del que tiren.

Aprieten los dientes y, como decía Bielsa, “traguen veneno y acepten la injusticia, porque todo se equilibra al final”, porque, al final, las águilas vuelan mucho más alto cuando hay tormenta, y este Sevilla tiene hambre de más.