Seguramente Jovetic, que lleva aquí una semana, ya sepa mejor que muchos, que a nosotros, los de Nervión, nos faltan unos cuantos tornillos.

A Poulsen, el Krychowiak de hace diez años, no le hizo ni falta llevar nuestra camiseta puesta para darse cuenta. En una entrevista contaba que cuando Puerta marcó el gol de nuestra vida, siendo él aún jugador del Schalke 04, sintió que el estadio se caía, literalmente, y que aquello lo dejó tan impactado que cuando unos meses después lo llamó Monchi no dudó en rechazar a varios colosos europeos para venir a Sevilla.

El domingo el estadio volvió a caerse de emoción, principalmente porque nos han traído a un entrenador que parece estar más loco que los que se sientan en la grada, un tipo que en 90 minutos es capaz de hacer que casi medio equipo juegue en tres posiciones distintas: ¿de qué jugó Iborra?, ¿de punta, de segundo delantero o de mediocentro?. ¿Y Ben Yedder?, ¿de delantero, de extremo derecho o de enganche?, ¿y el Mudo?, y lo más escandaloso de todo, ¿de qué no jugó N’Zonzi?

El orden desordenado, la locura, la esquizofrenia le sienta tan bien a esta grada y a esta plantilla que cuando le pinchan es capaz de llevarse por delante a cualquiera, donde sea, cuando sea y como sea. Aún así hay algún gracioso por ahí que todavía no se ha enterado de que no hay que jugar con fuego cuando el que está delante es este Sevilla. Así que un respeto a los de colorado porque estamos como las cabras del monte, ¿o no estuviste en nuestro estadio la otra noche?.

Permítanme por tanto que os mande a todos al pairo: hagan sus «montajitos» para «Los Manolos», “tomaticen” el fútbol en «el Chiringuito», escriban bobadas, ódiennos, llámennos rencorosos y sanciónennos las veces que os dé la real gana. A los locos nos da igual que nos juzguen.

Váyanse también a tomar viento fresco jugadores, entrenadores y directores deportivos cuerdos que no se dejen llevan por la pasión del viejo Nervión, márchense a ganar billetes a París, Turín, a Milán, a Roma o a Madrid, busquen la gloria en súper equipos que juegan en parques temáticos rodeados de japoneses. Aseguren el futuro de sus familias yéndose a China o lideren el nuevo proyecto de un jeque.

Yo os diré adiós con la manita a todos y sonreiré hacia mis adentros maliciosamente porque ya sé a dónde vais, ya se lo que os va a pasar y ya sé, aunque este sueño de una década se vaya al garete algún día, que las cosas que habéis vivido aquí no las vais a vivir en ninguna parte.

Aunque tú sí encontraste la gloria Sergio Ramos, eres capitán y serás leyenda del Madrid y de la Selección. Pero aquí, en tu casa como tú dices, por tu egolatría, se te recordará por lo que hiciste una fría noche de Enero en el estadio que te dio la oportunidad de ser quien eres. Y ya, me parece que hay poco que arreglar.

Así que el próximo día que nos veamos, cuando os piten el penalti de rigor márcate otra «panenka» de esas que te gustan tanto, ponte las manos en los oídos y señálate el nombre si así te quedas más tranquilo. Pero antes escúchame una cosa: ¿dónde aprendiste a hacer eso Sergio?, ¿tú no te criaste en el mismo sitio que Reyes, Navas y Puerta?, ¿por qué no me imagino a ninguno de estos haciendo lo mismo?, ¿te lo tengo que explicar?.

Mejor déjate de hablar de ataúdes y banderas y tira para Santa Justa que aquí, como buenos paletos, yonkis y gitanos que somos, nos conocemos todos desde hace tiempo.