Sincericidio

El concepto superioridad es un término que puede ser tomado por dos vertientes. Una tangible donde los puntos de la clasificación designan una línea entre tu rival y tú; y luego otra en la que, inducido por esos resultados clasificatorios, uno genera en su mente una diferenciación de sensaciones respecto al que tienes enfrente. En la vuelta liguera del derbi sevillano, los de Nervión tenían las dos definiciones de su lado, tanto que su técnico se apresuró en decir que “ellos viven este partido de forma distinta; nosotros pensamos más allá porque lo importante es la punta del torneo”.

Aceptó el favoritismo y lo agarró hasta la saciedad.  De sopetón se llevó un vendaval de juego bético en la primera mitad. A sabiendas de lo visto una semana atrás contra el Eibar, de lo que había planteado Víctor Sánchez del Amo ante el Barcelona, y teniendo en cuenta las 66 horas para preparar el partido (por una semana del Betis), Sampaoli decidió enfriar un partido que antojaba temperamental desde el minuto uno.

¿Cómo se congela un encuentro? Con mucha posesión que rete las aspiraciones del rival en campo contrario. Eso sí, a ese dominio con balón hay que añadirle intensidad, cosa que no se encontró en los primeros 45 minutos dada una suficiencia negativa en rojiblanco que provocaba fallos no forzados. Los béticos presionaban alto, el mediocentro visitante ni la olía, y, sin N’zonzi libre, no había una salida pura de balón. Todo se quedaba en pelotazo sin referencia que bajara el esférico. Punto negativo.

Los del Benito Villamarín enjaularon al mencionado N’zonzi mediante un cuadrado que impedía grandes transiciones. Nasri, vista la situación, comenzó a caer a banda izquierda para dar una opción más de salida y evitar meterse en el agujero donde estaba su colega. No salió tampoco bien, porque el cerco del centro se trasladaba al costado.

El Betis propuso más que el Sevilla. Generó acercamientos, pero no fue más allá de la sensación de peligro. Dejó vivo a su rival. Todos sabemos el final de la historia. Lillo y Sampaoli se percataron de que se daba superioridad numérica en el centro para los verdiblancos, y la única manera de cambiarlo era meter a un efectivo más (Iborra), y a otro delantero que fijara para dar movilidad a Jovetic. El valenciano no sólo era la solución al problema, sino también una alternativa por si los patadones en largo se alargaban en el tiempo.

Como en Vigo o Pamplona, el técnico argentino sometió a su rival con una imagen antitética respecto a los visto en el primer acto. Paso de la defensa de 3+2 a una línea de cuatro que dejaba a Vitolo en banda diestra con el objetivo de fijar al activo ofensivo más importante de los de la Palmera: Riza Durmisi. No subió más y sufrió ante el canario. Ahí también estuvo el partido.

Al final, todo se solucionó en tres acciones a balón parado, a pesar de haber sido el derbi más interesante en lo táctico de los últimos años. Sevillistas y béticos disfrutaron de un envite igualado, que dejó como ganador al que podía haber terminado en la lona noqueado, pero por enésima vez se levantó triunfante para dar un golpe de KO. El entrenador de Casilda estuvo a punto de sufrir un ataque de sincericidio, pero rectificó y la calidad diferencial en los últimos metros se impuso.