Juego directo hacia la victoria

En un análisis exprés antes del encuentro, se unían tres circunstancias desoladoras en clave sevillista. Sólo el Atlético de Madrid en Copa había logrado vencer a la UD Las Palmas en su estadio en esta temporada, se llevaban dos jornadas consecutivas sin ganar, y en los últimos años no se conocía la victoria en tierras insulares. Todo eso sin obviar la calidad que traía de impronta el conjunto de Quique Setién. Contra eso, Sampaoli explotó un juego recurrente cuando el plan A no es suficiente.

Consciente de la gran calidad técnica y táctica de los canarios en términos interiores, el técnico argentino sevillista recurrió a la imposición de un doble pivote que cerrara los pasillos interiores tan bien explotados por su rival. Tan concentrado estaba en esa tarea, que descuidó potencialmente su ataque, cosa que implicaba llegar a zona de ataque con muy pocos efectivos. Ahí siempre ganaban los locales.

Vitolo era el único que encontraba en Ben Yedder un apoyo físico a los ataques, pero no era suficiente para encontrar una vía ante los cuatro defensores amarillos, que robaban con facilidad para salir al ataque por las bandas.

A partir de ahí, inevitablemente, los hispalenses pasaron al juego directo de patadón orientado en busca de la espalda rival. Hasta 27 veces intentaron llegar así al arco de Javi Varas, pero ninguna de ellas tuvo éxito con N’zonzi en la posición de mediocentro de traslación. Sorprendiendo a todo el mundo, el de Casilda cambió al francocongoleño para introducir la variante de Vicente Iborra por detrás del punta. Bastaron tres toque para generar el gol de un Correa que sirvió de ente dinámico en ataque.

De esta forma el Sevilla aguantó las embestidas de un gran equipo pío pío, emergiendo Sergio Rico sobre el resto de sus compañeros para mantener el resultado y potenciar el contraataque más tarde. Puntos de oro para los sevillistas que mantienen el pulso a los dos grandes y su distancia respecto a sus competidores por la Champions.