Llevo echando de menos el silencio casi ocho meses, desde el verano pasado son pocos los días que no salta una noticia perturbadora. Que si Monchi se va pero se queda obligado, que si podríamos haber sacado más por el polaco, que si nos quedamos sin el delantero titular a pocos días de las finales, que si nuestro entrenador está loco y nos va a dejar tirados por su selección, que si su ayudante no ha hecho más que fracasar allá por donde ha pasado, o que parece que últimamente solamente fichamos argentinos y que no son buenos los guetos en el vestuario.

Pero por fin empezó a rodar el balón, llegaría la tranquilidad, o al menos eso esperaba yo. El equipo ganaba pero al parecer no jugaba un pimiento, normal, mucho media punta que no se faja, pocos centrocampistas que hagan la raya, y una defensa cogida con alfileres por no hablar de los porteros, los peores de media Europa. Además, nuestros delanteros eran mediocres y sin gol no se va a ninguna parte. Se equivocaron.

Mucho ruido a pesar de las victorias, pero pasó el tiempo y la cosa pareció calmarse: puntuaciones históricas, buen juego y vivos en todas las competiciones, ya no había donde distraerse. Pero salió la bolita del Madrid y llegaron las polémicas arbitrales, el no dopaje de Nasri, la eliminación copera y el gesto de Sergio Ramos. Más insultos, comunicados, declaraciones, juicios y estupideces varias. Justo después explota el asunto de Tebas y los Biris, la propuesta de cierre, la decisión del club de prohibir símbolos, el enfado de los ultras, el “pues ahora no canto”, el “pues yo hago lo que me marca la ley”, el “en verdad sois unos delincuentes pero tenéis que animar”, el “pues ustedes sois unas marionetas de los que llevan décadas secuestrando el fútbol” y bla bla bla.

Entonces, en el partido contra el Eibar, estando la cosa apretada todo se sale de madre y unos cantan, otros se mofan, otros pitan, otros se callan y aquello comienza a dar vergüenza ajena.

Estoy muy cansado de toda la basura que nos traemos este año, no se han sabido gestionar bien las informaciones, los momentos, los conflictos y los contactos entre las partes implicadas. La directiva no ha mirado por los suyos como debería, ha reaccionado tarde y mal la mayoría de las veces, no habla claro y en variadas ocasiones da la sensación de que no está entendiendo nada de lo que está pasando en el club en los últimos meses. Los Biris, por su parte, se olvidan de que su sevillismo queda en entredicho cuando se dinamita un partido y en consecuencia ponen en riesgo el objetivo deportivo por cantar tres tonterías que deberían haber soltado al término del partido. Parecen no darse cuenta de que no es necesario molestar como hicieron el pasado sábado. Sino quieren sumar que no sumen, pero lo del otro día está fuera de lugar, es perjudicar al equipo y ningún sevillista, conscientemente, debería tirarse piedras contra su tejado, menos aun si llevas presumiendo de pasión, merecidamente eso sí, más de treinta años.

Suena raro pero quizás mañana, cuando salgan los jugadores al campo, no me importaría que estuviésemos todos callados durante unos minutos, que los guiris estén demasiado borrachos como para cantar y que podamos escuchar sin ruidos el himno de la Champions. A lo mejor así más de uno se entera de donde estamos y de que no es momento de hacer ni de decir estupideces. Es la hora de competir contra los mejores del mundo, y yo ya estoy harto de los reproches. En días como estos paso de vuestras movidas porque jugamos el partido más importante del año mañana mismo, así que si algunos no quieren cantar que no canten, si los del palco siguen sin hablar claro ellos sabrán lo que hacen, casi mejor, ya lo decía Beethoven: “nunca rompas el silencio si no es para mejorarlo”.