Indolentes

Como una película sin final o un atleta que para su carrera antes de llegar a la línea de meta, el Sevilla se dejó llevar por la sensación de superioridad reinante en la primera mitad, para terminar cediendo terreno paulatinamente a su rival en la segunda. Pellegrino avanzó y Sampaoli tardó en reaccionar, como en el Benito Villamarín con Víctor, pero con las pieles cambiadas.

Con la obligación de ganar por encima de cualquier cosa tras la gran jornada para los de arriba, los sevillistas se disponían en Vitoria con un once tan competitivo como lejano de creatividad en la zona intermedia del 1-4-2-3-1 que había impuesto el técnico del conjunto andaluz. Todo ese peso que normalmente quedaba en Nasri, se encontraba en los pies de Vitolo y Sarabia, interiores con suficiente calidad para dar pases determinantes de gol.

A sabiendas de los efectos anteriores provocados por la coincidencia de efectivos tan parecidos como N’zonzi, Kranevitter e Iborra, los hispalenses dispusieron un semitrivote escalonado que impidió que tales nombres se estorbaran en labores de robo y pase. Tan simple como eso, fue la posesión de la que dotaron a su equipo, pero sin apenas finalizaciones reales en el último tramo de terreno.

Más allá de eso, Theo y Femenía son laterales que han demostrado canalizar el juego exterior de su colectivo, actuando más como carrileros que llegan a línea de fondo y que son capaces de generar superioridad en sitios de peligro. El entrenador del conjunto andaluz pareció apreciar esa importancia, para terminar poniendo a Vitolo y Sarabia como entes de fijación que impedían esas subidas por banda. A ese nivel de sujeción, Iborra se pegó a uno de los mejores pasadores de la liga, Marcos Llorente. A partir de ahí, se originaron las ventajas.

La segunda mitad comenzó como terminó la primera. El Sevilla queriendo más para no terminar sufriendo. Ese loable automatismo de robo adelantado y pases cortos rápidos quedó en nada cuando Camarasa se acercó a la olla de creación de su brigada para, con mucha movilidad, desarbolar la posición de N’zonzi. Esa situación dejaba indefenso a Kranevitter, y, por tanto, dejaba libre albedrío a una segunda línea local a la que se solía unir exteriormente uno de los dos laterales de manera libre.

Demasiado tarde, el de Casilda intentó cambiar el rumbo del partido con entradas estériles que no dieron volantazo a las aspiraciones vascas. Quizás también por el cansancio general del grupo al que se refirió Sergio Rico ante los micrófonos al término del partido. De tal forma, los nervionenses se llevan un resultado más que positivo para lo fue el envite, pero insuficiente para las aspiraciones ligueras que lo alejan de la cabeza.