Una ardilla y una nuez

Había una vez, en un frondoso bosque de las Midlands inglesas, una ardilla joven que tenía mucha hambre. El animal, se encontraba con numerosos alimentos que, con mayor o menor facilidad, siempre terminaba comiéndoselos. Una semana, el petigrís estuvo dos días sin comer pensando en la gran recompensa alimenticia que tenía por delante en apenas unas horas. Con el estómago mostrando gruñidos de hambruna, llegó el martes, día en el que el roedor tenía que abrir la nuez más grande de toda aquella arboleda, pero por más que lo intentó, la nuez no se abrió.

Muchos pensaréis que esto lo cuento como algo aleatorio, pero lo cierto es que, en la vuelta de Octavos, los de Sampaoli fueron esa ardilla que arremetió contra una nuez azul nacida del árbol de Craig Shakespeare. La ardilla roja increpó a su víctima, pero no consiguió que esta se inmutara para dar hálitos de debilidad. De esta situación sacamos algo extraño, una sensación de que los sevillistas no fueron inferiores a su rival (tampoco excesivamente superiores) y de que el único rival que tuvieron fueron ellos mismos.

A una escala menor, los ingleses y los españoles calcaron algo que ya estaba escrito en las páginas de la Liga de Campeones en términos de las mismas nacionalidades. Chelsea contra Barça. Di Matteo contra Guardiola. En esa cita, los blaugranas, mediante la posesión, generaron muchísimas ocasiones sin apenas éxito, teniendo déficit en disparos lejanos. En otras palabras, mentalmente se obligaban a entrar hasta la cocina, y dentro de ella ya había mucha gente como para cocinar un buen plato. Un error catalán acabó con ese encuentro en beneficio blue.

Los sevillistas sobaron la pelota sin éxito de profundización. Por dentro, el centro del campo taponaba la salida en Nasri, e Iborra era incapaz de dar un paso adelante para tener mayor presencia física y numérica. No se tenía una primera fase del juego limpia desde atrás porque, como en la pasada temporada, Okazaki se pegó a N’zonzi como una lapa. Muchas pérdidas. No lo dejó respirar, y lo cierto es que se está convirtiendo una costumbre que el francocongoleño esté tapado desde aquel partido en el Ramón Sánchez Pizjuán ante la Juventus de Turín.

William Shakespeare, en boca de su personaje Hamlet, dijo “asume una virtud si no tienes una”. El Leicester hizo suya esa consigna y volvió a la esencia primitiva de lo que fue el pasado año con Ranieri. Sin un fútbol vistoso y las ideas claras, se replegaron muy intensivamente para dar lustre al patadón en busca de Vardy ante las líneas adelantadas de los sevillanos. El delantero inglés fue una pesadilla e incordió a los centrales con su velocidad. Cualquier esférico tenía peligro si estaba cerca.

Ante esa situación, primero Nasri bajó a recibir a zona de pivote sin éxito para, luego, situarse un paso por delante del mencionado N’zonzi, más en paralelo con Iborra. No funcionó. Las posesiones seguían siendo igual de planas sin encontrar al Sarabia de la ida o al Vitolo de siempre. Lo intentaron sin éxito tanto con Mercado como con Mariano, que pusieron una gran cantidad de centros al área de carácter estéril por la falta de efectivos en la olla. Los de azul siempre estaban en superioridad numérica con un tipo bajito como Ben Yedder.

Con Jovetic como delantero cayendo a banda zurda e Iborra de llegador, cuando mejor estaban los nervionenses y parecía cuestión de tiempo que llegara el gol forzador de la prórroga, Nasri paró la posible reacción de su equipo con un acto egoísta lejos de su calidad. Aún así, con uno menos y un partido deficiente, los andaluces se mantuvieron en la pelea por pasar hasta el final, pero cuando tienes un día malo… todo sale mal.

Los errores propios marcaron el devenir de una eliminatoria que se comenzó a perder en la capital de Andalucía. Se le atragantó la nuez a la ardilla, pero una vez pasado el mal trago sólo queda por levantar la cabeza gacha, mirar arriba en la liga y no desperdiciar los frutos cogidos en este tiempo. Que no se nos estanque este mamífero y siga peleando por rebelarse ante los grandes animales de la competición doméstica.