Tengo una manía hipócrita y un poco egoísta. Cuando el Sevilla pierde necesito desconectarme unos días de todo lo que huela a fútbol, a veces hasta que no vuelve a jugar y ganar no me asomo a ninguna parte. Si tropiezo con algún “magnifico” programa deportivo mientras hago un zapping casi que cierro los ojos, no abro el Facebook, me auto prohíbo férreamente el Twitter, y miro desde lejos con algo de desprecio los periódicos que mi padre insiste en comprar aunque perdamos 18 a 0.

Será que me molesta leer lo mal que jugamos, la poca intensidad que le pusimos o lo tarde y mal que se hicieron los cambios. Supongo que se estará hablando de bache, de que el equipo parece cansado y sin chispa. Imagino que los argumentos utilizados se referirán a que aunque los resultados apenas hayan decaído, el nivel de juego sí que lo ha hecho, que se están pagando las pocas rotaciones realizadas, que los faros de la plantilla han bajado su rendimiento y que todo esto está ocurriendo en el mes en que nos jugamos poder seguir agarrados a la quimera liguera, consolidar la ventaja dejando casi finiquitada la tercera clasificación Champions consecutiva,  y sobre todo, meternos entre los ocho mejores de Europa por primera vez en nuestra historia.

Y seguramente tengan razón los que escriben o hablan de ello. Estas señales de alarma provocarán que algunos, entre los que me hallo cuando tengo el día pesimista,  ya estén visualizando el partido de vuelta en Leicester como un martirio de 90 minutos en los que apenas lograremos salir de nuestro campo y donde acabaremos perdiendo la eliminatoria por una jugada estúpida y totalmente evitable. Además como han cambiado de entrenador y le han metido tres al Liverpool  parece que ahora mismo son capaces de pasarle por encima hasta al Brasil del 70.

Todo esto me lo estoy imaginando, ya comenté al principio que no suelo leer nada cuando perdemos. Pero hace un rato me di cuenta que el lunes no perdimos, empatamos, y al parecer decidí imponerme instintivamente el habitual celibato informativo que uso para las derrotas. Sorprendido y complacido comienzo a percatarme de que los empates están empezando a molestarme casi lo mismo que las derrotas. Así de grande está siendo nuestra temporada. Ese es el síntoma que me tranquiliza y al que me agarro desesperadamente.

Es cierto que nos jugamos mucho en los próximos treinta días, prácticamente el devenir de esta temporada y parte de la que viene, es verdad que el equipo no brilla igual, que nos cuesta ganar y que dejamos vivos a los ingleses cuando los teníamos con la rodilla hincada.  Pero no es menos cierto que es ahora cuando se demuestran las cosas, y este equipo, el de este año, está dejando muy claro que merece que se crea en él.

Además el sol comienza a calentar más intensamente, las tardes se alargan y la primavera se asoma por Nervión para preguntar si esta temporada también cuenta con nosotros, si va a poder vernos arrollar a cualquiera que se ponga enfrente en esas tardes noches cálidas de abril a las que ya se ha acostumbrado. Nos recuerda también, para que no se nos olvide, que los de colorado se transforman cuando abre el azahar, que si no, la primavera en Sevilla no sería primavera.