Si empezamos dormidos, atenazados y temerosos por el ímpetu de los ingleses tú canta. Cuando el partido se ponga feo de verdad y arrecien lo córners, las faltas y los vaivenes de los zorros de Leicester, canta, no te queda otra. Al vernos aculados y sin respuesta sigue cantando, sois los únicos a los que oirán los nuestros.

Mientras lo haces piensa que tu Sevilla estará buscando vías de salida hacia su área por donde buenamente pueda, entre tanto tú canta. Lo mismo llega alguna ocasión, un travesaño o un gol fantasma y sientes que te da un vuelco el corazón. Aunque no entre y el asedio continúe, canta.

Si llegamos al descanso y seguimos vivos toma aire y respira porque en el segundo acto sólo vas a poder hacer una cosa para ayudar a los tuyos, cantar. A lo mejor llega su gol antes que el nuestro, es entonces cuando ya no te va a valer cantar, ahora lo único que nos salvará será que grites. Grita cuando vayamos por debajo, cuando se escapen los minutos y sientas que cada segundo que pasa es un paso hacia el infierno.

Aunque quién sabe, puede que tengamos un partido plácido,que marquemos pronto y que saquemos la personalidad, la grandeza de la que tanto presumimos y no suframos demasiado. Aún así hazme el favor y canta.

Tú que vas a dejarte muchas cosas en esa grada y que ahora mismo estás leyendo esto con una cerveza en la mano por las calles del enemigo y con mariposas en el estómago, déjame decirte una cosa por si aún no te ha quedado claro: canta. Canta como sino hubiera mañana, haz que te escuchemos desde nuestras casas y bares, haz que nos sintamos más tranquilos y arropados. Canta y grita como si te fuera la vida en ello porque si hay que morir en Leicester, muramos juntos y cantando, no en silencio y enfrentados como en nuestra casa.

Canta.