Sopa de Ganso

Con dinámicas totalmente opuestas, Sevilla y Granada se veían las caras en el Ramón Sánchez Pizjuan con un mismo objetivo: aliviar los baches que habían pasado. El favoritismo del Sevilla se materializó en goles y juego, cosa ante la que el Granada bien poco pudo hacer.

Con dinamismo, Ganso aparecía entre líneas para acompañar a los dos puntas y filtrar pases. Así, sin tener que defender con el doble pivote por detrás, llegaba a zonas de remate con facilidad, hasta tal punto que a los cuatro minutos metía el primer tanto del encuentro.

Sombrerito, pase a banda y definición. A partir de ahí, un ciclón llamado Sevilla se instaló en el tapete verde del Pizjuan sin necesitar de gran esfuerzo.

Generando ocasiones ante un rival que se defendía como gato panza arriba, los locales no atinaban a definir ante Ochoa, a pesar de generar suficientes chances como para tener renta y haber finiquitado el trance antes del descanso. No fue así.

La segunda parte, si cabía más, bajó el ritmo para tantear los ánimos del rival. Sin desviarse de la tónica, las ocasiones siguieron llegando. Una tras otra. Hasta que, por fin, el mismo goleador del primer tiempo terminó poniendo más tierra de por medio en el marcador tras empujar un pase de Sarabia.

Sin cambiar el resultado, el Granada tuvo un par de acercamientos sin apenas suerte que sirvieron de cierre de telón para un encuentro donde sólo una atracción hubo por encima del resto: Paulo Henríque Ganso.