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Artículos de opinión

Opinión | Ramón Loarte, dirección de hielo y fuego

Cuenta Philip Kotler, y así lo refleja en todas sus últimas publicaciones (entre las que dejo alguna por si Ramón me lee), que cualquier producto está abocado al fracaso si no se enfoca con el objetivo de satisfacer al cliente. Las palabras del doctor Kotler, considerado el padre del marketing moderno, doctorado por el MIT y con experiencia post-doc en Harvard, me servirán de valladar ante la ineptitud que pueda presentar en el tema. Con esto, mi personal insatisfacción como sevillista y abonado y viendo cómo en la ribera del Guadalquivir nos ganan por goleada en este aspecto, nos adentramos en el asunto.

Ramón Loarte llegó al Sevilla FC para ocupar el cargo de Director de Marketing en Abril de 2014 con un camino que se le presentaba cuesta abajo. Loarte, y el excelente currículo que lo avalaba, por fin hacía soñar al sevillismo con un marketing a la altura de un tricampeón europeo aunque otros se mostraran prudentes, y se encomendasen al “será difícil hacerlo peor que el anterior”. Tres años después, a Loarte tengo que agradecerle que los personajes más famosos de Poniente y de HBO hayan lucido la camiseta de Nervión y nada más. A la simplicidad y pobre imagen de los spots (teniendo que aguantar un copy and paste en la campaña de abonados de este año), se le une una imagen poco profesional y trabajada en redes sociales y la promesa de una nueva imagen en web, radio y TV del club que quedó en agua de borrajas, que acabó siendo burda chapa y pintura para maquillar un avance nulo en lo que a tecnología se refiere. Pero no es un asunto de mediocridad, de pequeños y constantes fallos, de tiendas fantasma en Puerta de Jerez o de “helar” al sevillista lo que nos trae hasta aquí.

Los protagonistas de la conocida serie de HBO, Juego de Tronos, visitaron el Sánchez-Pizjuán en la pasada campaña. Foto: ABC de Sevilla.

Llegó el verano de 2017 y los repetidos fallos hacían que faltasen dos gotas para colmar el vaso. Dos goterones, eso sí, porque la pasión por nuestros colores es tan grande que hace que traguemos con todo. La campaña de abonados para la próxima temporada siempre es un buen método para evaluar el trabajo del Departamento de Marketing del Club, y el suspenso fue estrepitoso. De esos casos en los que da miedo ir al tablón de anuncios a mirar la nota. Si subir en unos míseros 25€ o 30€, el precio del abono ofreciendo un producto con menos cantidad (por lo osado de hablar de calidad) que el año anterior y en Andalucía, una de las regiones más pobres de un país en ruinas ya parece un acto maligno, esto no acaba aquí. La discriminación a un colectivo del sevillismo con la implantación del acceso biométrico únicamente en Gol Norte (medida rectificada justo a tiempo, por eso de no dejar la Toma de la Bastilla en pañales), el ensañamiento con el sevillismo de chupete y biberón, el olvido a los sevillistas en el extranjero o el último lío con la entrega de abonos a domicilio se encargan de redondear el cero que el Club ha sacado en esta prueba. Que no se hable de crecimiento en el número de abonados, ni porcentajes de ocupación del Estadio para medir el éxito, la mayoría de la afición está enfadada y no cederá un poco hasta que la principal preocupación sea que la pelotita entre en la portería.

Todo haría pensar que, por el momento, el vaso aún admite otra gota. Pero no, porque como en el Inferno de Sandro Botticelli, la primera capa parece horrible, hasta que conforme vas descendiendo reparas en que hay más horror esperándote. Tras el conato de patrocinador estable con el departamento de turismo de cierto país asiático, la camiseta se ha convertido en un lienzo en blanco durante, prácticamente, la totalidad de las dos últimas campañas. Mientras que muchos prefieren la belleza de la camiseta impoluta, es innegable afirmar que los mejores años del Sevilla en lo deportivo se están perdiendo sin patrocinador y sin ingresos que hagan que la entidad crezca sin exprimir más a una afición que ya prepara las antorchas. Por no hablar de, que a falta de un patrocinador principal, todos veríamos con buenos ojos dedicar este espacio a beneficencia, por la labor social, por medir el impacto del patrocinio en la camiseta, y por gritarle a las empresas un fuerte: “oye, que estamos aquí sin patrocinador, ¿nos ve alguien?”. El hecho de que ni siquiera la opción de ayuda social se contemple en un elenco de patrocinadores donde encontramos la versión más cañí de Los del Río en los descansos cierra, en términos generales, el desastroso capítulo del marketing en el Sevilla.

Con todo lo expuesto arriba y aferrándonos a las palabras de Kotler, la ineptitud que podías sentir al principio de este texto, se hace etérea al saber que el verdadero inepto en marketing es aquel que no escucha y que no trabaja por hacer feliz a su cliente. Aquel que refleja su éxito en frías cifras sobre presentaciones de PowerPoint y que no es capaz de atender la realidad social a la que se enfrenta una afición tan grande como la sevillista.

Antonio Miguel Amador

Estudiante de química en la Universidad de Sevilla.

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