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Análisis

Análisis táctico | Sevilla FC 2-0 RC Deportivo de La Coruña

Una de triángulos

Me decía hace unos meses un entrenador, que el fútbol moderno se basa en una figura geométrica existente desde tiempos inmemoriales. El triángulo para defender, y el triángulo para atacar. Tres vértices y diversas funcionalidades. Ayer, ante la descarada apuesta de Parralo que respondía a lo que se preveía que iba a ser un partido de repliegue y contra para su equipo, se sucedieron estas figuras a lo largo del campo para certificar el buen momento sevillista.

Antes de entrar en materia ofensiva, brevemente podríamos incidir en la idea de que las únicas oportunidades visitantes llegaron por banda derecha. Dado que Geis no es un central puro, en muchas de las ocasiones se ve una distancia casi insalvable entre él y Mercado. Adrián y Lucas Pérez percutieron por ahí, consiguiendo sacar rédito en sensaciones, pero no pudiendo materializarlo en el marcador.

Un triángulo a la izquierda

El Sevilla de Marcucci tenía la pelota. La movía de un lado a otro de la cancha sin encontrar el pasillo definitivo para incidir en área gallega. Sarabia no encontraba su acomodo y el único peligro se definía por el costado izquierdo como bien se vio en la acción del primer gol perfectamente ejemplificado. Escudero saca de banda, Mudo abre espacio sin balón para arrastrar a un par de rivales, Nolito entra en contacto con la pelota y Ben Yedder la mete en las redes de Rubén. Nolito y Mudo ganaban eficacia en sus acciones cuando Escudero rompía por fuera como un relámpago.

Dos triángulos en el centro

Pizarro. Banega. Mudo. Las tres puntas de esta imagen clave para el tránsito de la pelota. Para el público en común, el Sevilla juega con un doble pivote en el que el ex de Tigres es más defensivo posicional y Banega más organizativo. Pues bien, no hay doble pivote que valga. Los nervionenses presentan un mediocampo escalonado: Pizarro queda de único cierre, Mudo de mediapunta conector y Ever entre los dos para hilar más fino. Así, la posesión fue más fluida y, en caso de pérdida, siempre estaba Guido para subsanarla.

El otro triángulo que encontramos no es otro que el formado por los dos centrales y el propio Pizarro. Este último fue el encargado de controlar los espacios que se abrían, poniéndose más cerca o más lejos de los mismos para presionar o replegar según la situación. Esta figura se convertía en una línea recta cuando se incorporaba entre los centrales para sacar la pelota desde atrás.

De esta forma, los sevillistas tuvieron tramos de gran fútbol ante un Deportivo muy bien trabajado que no puso las cosas fáciles, sobre todo, con ese doble pivote Guilherme-Borges que cortocircuitaba el juego. Sin más, con las miras puestas en el Maribor, el equipo de Marcucci y Berizzo no se quiere bajar de la cresta de la ola.

Manuel López

Estudiante de periodismo – Bueno para debatir, nunca discutir.

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