Un espejo en el Wanda

Decía Marcelino hace casi un año, que el 4-4-2 era el esquema que mejor ocupaba espacialmente el campo. No le faltaba mucha razón al técnico de Valencia si vemos el encuentro de ayer. Lejos de alargar la idea de jugar con un doble pivote defensivo y un mediapunta por delante, Montella decidió copiar a su homólogo colchonero. Tan osado y arriesgado como posteriormente exitoso fue.

Ese modelo clásico del Cholo dejaba  entrever un centro del campo muy compacto por dentro que dejaba espacios laterales para las subidas de Juanfran y, en menor medida, Lucas. Griezmann tenía algo más de libertad y tan pronto se convertía en un segundo punta que en un centrocampista más; el mismo caso propuso el entrenador italiano: Escudero y Corchia debían aparecer por fuera de un centro del campo sin un futbolista puramente de corte defensivo. Franco Vázquez hacía las del galo y con balón era un centrocampista más.

Esta metamofósis del 4-4-2 sin esférico al 4-3-3 con él generó el desconcierto rival. A partir de ahí, el repliegue fue más bajo que de lo de costumbre. Primero porque no había que dejarle espacios a un rival que los explota muy bien, segundo porque así Muriel tendría más metros por delante para demostrar sus características. También se daba una permuta continua. Cuando Correa entraba en zona de delanteros, Muriel caía a banda y hacía las ayudas oportunas. En otras palabras, el equipo se mostró solidario y sólido en todas las facetas del juego.

Los sevillistas, ejecutando a la perfección esos movimientos, maniataron a su contrario. El cambio de partido lo propone primero el técnico local con la entrada de Carrasco generando superioridad numérica en el centro y dotando de mayor movilidad externa como demandaba su equipo. A eso contestó el preparador nervionense con un cambio parecido al realizado en el derbi: Navas al campo por el Mudo. Pero esta vez salió bien porque, tras el gol, se necesitaban transiciones más ligeras que no hubieran sido posible con la pausa que dio al juego el exhausto Mudo Vázquez. Cuando había que parar el tiempo, era el genio Banega el que frotaba la lámpara para estar en todos sitios.

El combinado hispalense atacó al Atleti en los momentos justos con valentía y tuvo esa pizca de suerte que se necesitan en grandes escenarios como el Wanda. Montella mostró las señas de identidad de lo que pretende y, aunque aún le queda mucho trabajo, está demostrado que el Sevilla tiene capacidad suficiente como para, más allá de los resultados, competir allá donde vaya.