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Análisis

Análisis táctico | Sevilla FC 2-2 FC Barcelona

Partidos (im)perfectos

Decía Montella hace unos días que ante rivales de la entidad como el FC Barcelona, su equipo tenía que hacer el partido perfecto. Los encuentros duran 90 y tantos minutos, y si uno deja cabos sin atar en las dos áreas, tiene todas las de perder en cualquier momento. Y más si el rival mete al final a un Messi tocado por la varita ante tu conjunto con números escalofriantes: 29 goles en 31 partidos. Sumó uno más a cada unidad.

 En lo que fue un envite muy parecido al que habían realizado los blaugranas en San Sebastián ante la Real Sociedad. Los sevillistas dominaban todas las facetas del juego a excepción de la finalización en el arco contrario. Llegaba en calidad (buenas situaciones) y en cantidad (superioridad al remate) sin aprovecharlo aún generando ventajas los centrales contrarios.

Las transiciones locales suponían siempre un constante incordio para los de Ernesto Valverde. La gran lectura de cada uno de los compases del encuentro y la elección de la velocidad de las transiciones hacían que las posesiones parecieran un rondo que hacía ineficaz la presión posicional catalana, o bien las contras fueran concluyentes en su velocidad. En esa situación, el líder echaba más de menos a Busquets que a Messi. No se generaba juego aún intentando Rakitic ser un punto de apoyo constante: Paulinho e Iniesta eran conos testimoniales en medio de un centro del campo que Banega y N’zonzi controlaban sin excesivos esfuerzos.

Curiosamente, ni Atlético de Madrid en Copa, ni United en Champions, ni ayer el Barça tuvieron en cuenta al 10 argentino del equipo hispalense. Lejos de vigilancias, lo dejaban jugar de cara y el Sevilla apenas tenía pérdidas en zonas trascendentes o, más allá de eso, con un solo pase tenía la capacidad de eliminar a varios contrarios.

En ese contexto, el Mudo aparecía del centro hacia las bandas para ser un constante punto de apoyo en las transiciones. Sobre todo en las más verticales. Algo más lejos, para estirar al equipo, estaba Muriel con sus continuas caídas a los costados. Trabajo excelso de los dos sudamericanos que hicieron gol para llegar a poner en ventaja dos veces a su equipo, pero que fue insuficiente en favor de cerrar la contienda.

Montella realizó los cambios que tenía que hacer. Puso a Pizarro de interior zurdo para tapar las acometidas hacia el centro de Messi, quitó al apercibido Mercado en favor de Layún y, además quitó al exhausto Navas. Lo único achacable al italiano es el recambio del palaciego y las posiciones en las que se desarrolló este. Quizás Arana, de corte algo más defensivo y veloz, hubiera sido mejor que introducir a Nolito para dejar al cansadísimo Mudo Vázquez en banda diestra tapando el segundo mayor peligro barcelonista: Jordi Alba.

Con Messi en el campo, su equipo cambió de cara. Psicológicamente fue un ciclón que afectó al juego una y otra vez. Con el astro argentino en el campo y el marcador corto, la historia estaba más que escrita. Terroríficamente escrita. Cuando se hace un esfuerzo y no se obtiene recompensa, ese esfuerzo pesa más. Notable partido de los nervionenses que quedó en nada en apenas un minuto. No queda otra que anotar estos fallos para lo que se viene, de manera ilusionante, el martes.

Manuel López

Estudiante de periodismo - Bueno para debatir, nunca discutir.

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