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Crónica | FC Bayern 0-0 Sevilla FC

Te vas

Quitándole hierro al asunto, decía hace unas horas a mi padre que lo único que había que hacer hoy era disfrutar. Cuando el árbitro pitó el final, ese disfrute que querías vivir quedó atrás en forma de palabras, no de hechos, y te vas a la cama dándole vueltas a los goles en propia, a la que falló Sarabia ante Ulrich en la ida, al larguero de Correa en el Allianz, al qué hubiera pasado si…

Te vas de la Champions con la sensación de que el Bayern de Munich, con su valor económico, su estadio mastodóntico, sus estrellas y su mentalidad alemana, no ha sido superior a tu equipo. Te vas con el resquemor de que si en la ida hubiésemos estado más atinados… Te vas con la cabeza gacha dando tumbos entre el pie de Navas y el de Escudero. Te vas como llegaste a Baviera, sin haber encajado goles de tu rival.

Montella lo dejó caer en la previa del encuentro, su idea era afrontar este encuentro como lo hizo en Old Trafford y así su conjunto lo intentó. Había que salir ileso de la primera mitad, como cuando te invitan al cumpleaños de un amigo en el que no conoces a nadie. Tienes que entrar bien y evitar los traspiés. De tal forma, lo único destacable de los primeros 45 minutos fue un disparo de Sarabia que tuvo final fatídico. Poco más en un primer tiempo que pedía a gritos movilidad y mayor velocidad en el juego.

Tras el entretiempo, sólo quedaba santiguarse.  Allí, tan ingeniosos como son ellos, seguro que con una Paulaner en mano bautizaron como ‘Robbery’ a las jugadas que Robben empezaba y Ribery acababa en la banda contraria. O viceversa. Ese fue el primer susto real de los germanos: centro del holandés y Navas salvando in extremis en el segundo palo ante la mirada del francés. Casi acto seguido, un centro de Rafinha que Lewandowski perdonó ante Soria haciendo difícil lo fácil; fallando lo que suele meter.

Mientras que el frío escénico que acompañaban los cánticos se rompía en un júbilo con los goles de la Juventus anunciados en el videomarcador con puntualidad suiza, los sevillistas tenían el balón sin trascendencia. Los de rojo cerraban filas con suma facilidad. Tan rápido presionaban arriba como replegaban en campo propio. El tiempo, inexorable, pasaba y con él las oportunidades sevillistas de dar la campanada. Ese vacío se llenó de golpe: Correa al larguero con un cabezazo impecable. El uyyyy en la zona nervionense. El gol ahí, tan cerca pero a la vez tan lejos. Pero aún entrando el hiperactivo Sandro y el veloz Muriel, las ocasiones se siguieron echaron en falta para alegría local.

Al final, entre la desesperación y el orgullo, Correa volvió a dar un palo. Esta vez a Javi Martínez cuando no podía llegar al esférico. El resto es cualquier cosa menos fútbol. El resto fue una pelea que quedará en nada cuando este día se recuerde en la mente de todos los sevillistas.

Al final, te vas ileso. Por momentos, te vas con la idea de que no se puso toda la carne en el asador. Más tarde te vas sin saber cómo, cuándo y con quién volverás. Te vas sin saber si hubiera sido posible.  Te vas pero volverás.

Manuel López

Estudiante de periodismo - Bueno para debatir, nunca discutir.

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