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Artículos de opinión

Opinión | …Y pobre del que quiera robarnos la ilusión

Artículo de opinión de Alberto Fernández sobre esas noches previas a un partido histórico del Sevilla.

Foto | Ignacio Borrego

Vuelven a la palestra los días de kilómetros, de embarques, de pasaportes, de noches en aeropuertos, de miles de kilómetros, de carreteras interminables, de vuelos cancelados y de muchos y numerosos inconvenientes en días laborables, que muchos aficionados sufren y solo por un motivo, por seguir al equipo de sus amores.

Se nos hacen incalculables, pensar las noches en las que deseamos conciliar el sueño, imaginando un partido mágico de nuestro Sevilla. Partidos en los que partimos con desventaja, como es en este caso, que aterrizamos en Múnich con un hándicap en el marcador, pero el cual no nos hace inferiores en ilusión.

Cuando se acercan esas noches, veladas interminables como la de hoy, se nos cruzan diferentes pensamientos por nuestra mente y muchos de ellos nos enmarcan una sonrisa en el rostro, porque si, porque el gen sevillista conoce lo que es partir con inferioridad en la vuelta de una eliminatoria, y nadie nunca ha sido capaz de conseguir que su afición baje los brazos y deje de arropar a su equipo, por muy en contra que se ponga el partido.

Un ejemplo de esto lo tenemos en la temporada 95/96 cuando partíamos con ventaja en la eliminatoria, camino de Grecia, con un gol a favor en el marcador, y muchos sevillistas se trasladaron soñando con ver a su equipo pasar la eliminatoria. Para la desgracia de la afición el partido se tuerce y todo se complica, pero para nada estaba perdido. Las ocasiones griegas se sucedían irremediablemente, la única falta que lanzó el Sevilla cerca del área fue suficiente para decantar la eliminatoria. Un gol increíble del croata, Davor Suker, cuando la eliminatoria estaba perdida, hizo desatar la alegría de todos los sevillistas desplazados, y de aquellos que lo vieron rodeados de amigos y familiares en sus casas o en las peñas de sus barrios y pueblos. Muchos soñaron con presenciar aquello, a otros solo de imaginarlos se les quitaba el sueño, pero lo que todos tenían en común era la confianza en el Sevilla y la ilusión de conseguir ese objetivo, por el que tanto se había luchado.

La década de final de los 90 y principio del nuevo milenio, no sería un camino de rosas para los sevillistas, ya que llegarían unas duras temporadas militando en la segunda división nacional,
El 27 de Abril de 2006, en la temporada del centenario, un canterano y sevillista, que desarrolló su infancia en el barrio donde se cobija nuestro estadio, empujaría con el alma, el gol que nos daría paso a la primera final Europea, un jueves de feria, todo cambiaria en nuestra historia, y el equipo que años anteriores jugaba en estadios como el Francisco de la Hera, el Salto del Caballo, o incluso el estadio de O Couto, jugaría por primera vez en su historia en el Sur de los Países Bajos, su primera final Europea.

Hasta allí se desplazarían numerosos aficionados, ilusionados con ver a su equipo levantar su primer título europeo al cielo del Phillips Stadium de Eindhoven y ante los ojos de todo Europa, nada era imparable para esa afición, y todos creían en la posibilidad de la hazaña. Muchos marcharon al tercer anillo soñando con ser testigos, por muy remoto que fuese, de ver a nuestro equipo en una de esas grandes citas, otros tuvieron la suerte de presenciarlo, pero lo que está claro que nadie nos robó la ilusión, porque ese sueño una noche de Mayo se hizo realidad y el Sevilla se convirtió en campeón de la Copa de la UEFA, por primera vez en su historia.

Foto | Ignacio Borrego

Al año siguiente y como si de un sueño continuásemos siendo parte, el Sevilla disputaría otra nueva final Europea. Imposible de imaginar ese desenlace, cuando en la noche del Jueves 15 de Marzo del 2007, el Sevilla estaba eliminado momentáneamente del torneo, el sueño parecía comenzar a desvanecerse, y todo parecía volver a la realidad, el Sevilla caía eliminado de la UEFA por el equipo Ucraniano del Shakhtar Donetsk.

Pero en el minuto 94 de partido, como si de un reto imposible se tratase, subió a la desesperada a rematar un córner, nuestro portero, Palop (quien tras esto se convertiría en héroe de la Final en Glasgow), que serviría el brasileño, Daniel Alves y de un cabezazo certero, puso el 2-2 que igualaba la eliminatoria. La euforia se desato, todos intentábamos creer lo percibido aunque de gran dificultad fuese, nuestro portero, había anotado un gol en el último minuto de partido, que nos hacía mantenernos vivos en la eliminatoria, que después sentenciaría en la prórroga, el uruguayo Ernesto Javier Chevantón. Nuevamente, cuando más hundido y solitario estaba el Sevilla, cuando todos nos daban por muertos y muchos apagaban desconcertados la televisión, aparece el carisma y la garra tan característica que nos hace ser fuertes, porque nada ni nadie nos podrá robar la ilusión.

Tras unos años de sequía europea, llegaría de nuevo una eliminatoria de copa de la UEFA, pero esta vez las circunstancias serian diferentes, nos enfrentábamos a nuestro máximo rival, el Real Betis Balompié. El Sevilla pasaba unos años de éxtasis, y se anteponía de favorito ante el Betis que partía como colista, pero dos goles en el Sánchez-Pizjuán, ponían cuesta arriba la eliminatoria.
Ahí tomaría partido la afición y más de 2.000 almas roja y blancas se trasladaron hacia el feudo verdiblanco, aun sabiendo de la dificultad de la hazaña, pero finalmente y remontando una eliminatoria, el Sevilla FC se antepondría ante su máximo rival en el primer derbi europeo, en los penaltis, y ante una gran actuación de Beto. Los allí presentes estaban incrédulos, no eran conscientes de lo vivido, pero es la recompensa al trabajo, ellos no abandonaron a su equipo cuando más lo necesitaba y como muestra de ello, y como resurgiendo de unas moribundas cenizas, planto cara al eterno rival y se corono en la eliminatoria.

Las evidencias lo demostraban y este torneo no iba a ser fácil, no era apto para aquel aficionado que padeciese graves problemas de corazón, porque en las semifinales y ante el equipo que lleva el nombre de la ciudad del Turia, el Valencia CF, el Sevilla tiraría de heroica para introducirse de forma increíble en su tercera final europea. Nos quedábamos en las puertas de una final, tras desaprovechar la victoria que consiguió en Nervión, pero aún quedaba una ocasión, y esa fue en el minuto 94, el partido agonizaba y era la última llamada, ese gol se marcó con el alma de todos los desplazados, que no pararon de alentar a su equipo, sin tirar la toalla y dejándose la voz para llevar en volandas al sueño, al equipo que aman desde que casi ni tienen uso de la razón. Ya no había más oportunidades. Era ahora o nunca y llegó un cabezazo letal de Mbia que anotaría un gol para la historia que dejó al Valencia con la miel en los labios, nuevamente y como si de algo intratable pareciera, el Sevilla tiraría de la bravura para ganar un partido y una eliminatoria europea. Por tercera vez en su historia en una final, que vencería en una épica tanda de penaltis en Turín, frente a un histórico club, como el Benfica.

Los días se han sucedido y las victorias también, pero mañana es de nuevo, la noche de los sueños, de esas que nos sentimos parte y estamos infinitamente agradecidos a todos aquellos que nos inculcaron este sentimiento, de las cuales tenemos la suerte de vivir, una nueva noche en la que tenemos poco que perder y mucho que ganar.
Somos novatos en esta competición, muchos de nuestros seres queridos y amigos, se marcharon al cielo sin poder presenciar este tipo de partidos pero no cabe duda que mañana en un sitio privilegiado del tercer anillo ondearan banderas blanca y rojas con un emblema, SEVILLA.

Aun siendo novatos, la experiencia en eliminatorias de este calibre nos dice que nada ni nadie puede interponerse en nuestro camino, nadie sabe de lo que es capaz nuestro club, porque con el apoyo de su afición, es difícil parar al Sevilla. Nos enfrentamos a todo un poderoso y gran equipo continental, a lo largo de toda la historia, el reciente campeón de la Bundesliga, el Bayer de Múnich. La eliminatoria esta en nuestra contra pero en ilusión es difícil que nos igualen, lo doblegamos en moral y ganas, solo basta con saber que más de 3.000 almas roja y blancas estarán alentando a nuestro equipo en las gradas de uno de los mejores escenarios posibles para lograr un hecho histórico, el Allianz Arena.
El Sevilla viaja con todo, no quiere dejar ni una bala en el revólver, y la afición también, nadie hubiese creído en una remontada en el EuroDerbi, nadie imaginó que Mbia anotaría un gol en el último suspiro de un partido, otorgándonos el pase a una final, nunca nadie imagino que pudiese ser cierto el remate de Palop en tierras ucranianas, por estas razones y algunas más, que nadie deje de creer en este equipo.

Algunos cogerán antes el sueño, a otros se nos hará casi imposible, y nos aferraremos al insomnio durante gran parte de la noche, pero de lo que no cabe duda, es de que el sevillista, está inundado de nervios, soñando con que todo se haga realidad, que todo se haga cierto y que nuestro club, ese que nos inculcaron nuestros padres y abuelos mientras jugaban en los no deseables campos de segunda división, y en el que emplearon su tiempo y sus ahorros sin tan si quiera ver al Sevilla acariciar unas eliminatorias europeas.

Por todos los aquí presentes y los que se fueron, mañana a las 20:45 en los balcones del Tercer Anillo, habrá una gran expectación, se darán cita todos aquellos que marcharon y apoyaran al equipo desde allí, porque si, porque nunca se escribió nada de los cobardes y a nosotros nunca nadie nos regaló nada, por estos motivos y muchos más, demostrémosle a Europa de lo que somos capaces, a defender y a honrar la camiseta hasta el último suspiro, y a llevar al equipo en volandas desde antes que aparezca el Sol, por la capital de Baviera, para los desplazados, y por la capital de Andalucía para los que aquí permanecemos, somos equipo de Champions y hasta el último segundo del encuentro lucharemos por seguir vanagloriando el escudo de nuestro SEVILLA. Por estas razones y muchas más, NADIE NOS PODRA QUITAR LA ILUSIÓN.

Foto | Antonio Pozo

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