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Opinión | Jesús Navas, de los charcos al mito

Es cuanto menos curioso cómo la jugada de las jugadas, el momento más rememorado y celebrado de nuestro fútbol, partió de las botas de un niño de Los Palacios, de uno los nuestros. Después de la noticia del día que lo convierte de nuevo en protagonista, he vuelto a ver esos vertiginosos 25 segundos para darme cuenta de un detalle del que no me había percatado y que me ha resultado bastante revelador. Jesús Navas se hace con el balón donde suele hacerlo un lateral derecho, a cuatro o cinco metros del pico de su área. Nada más recibir regatea al primero que se le cruza y comienza a ganar metros pegado a la cal, más bien vuela mientras tres carniceros anaranjados intentan atraparlo. Todavía lo andan buscando. Salvando piernas cruza la medular y medio trastabillado consigue enlazar con Iniesta. Yo creía que aquí se acababa su intervención pero me equivocaba, Jesús acompaña la jugada y recibe de nuevo el balón tras un taconazo de Fábregas. Ahora ya no conduce, decide abrir a banda donde espera Torres, el resto es historia y gloria del fútbol español. El cénit.

Lo reseñable en lo concerniente a nuestro hombre es que arranca la jugada en un pico de su propia área y la termina en el lado opuesto de la del contrario, desde donde observa el maravilloso desenlace. El canterano recorre una diagonal de 100 metros, un sprint que resume su trayectoria, una carrera llena de velocidad y saltos de obstáculos permanentes, una carrera para dominarlos a todos, para enseñarle la matrícula a cientos de defensores de medio planeta. Una trayectoria fugaz que lo llevó de regatear charcos en Los Palacios a tener a media jauría holandesa detrás suya en la final de la Copa del Mundo.

Jesús es leyenda del sevillismo, ídolo callado, de los que gustan a la gente modesta. Trabajador incansable, velocista, medio fondista y maratoniano, pura fibra, talento, el extremo que no necesitaba regatear para marcharse de quien le diera la gana, el chaval que no quería ir con España porque estaba mejor en su casa. “Todo a su debido tiempo, que cada uno es como es”, debía de pensar por aquella época, “que yo sólo tengo prisas cuando me pongo las botas”.

El hombre que lanzó a Daniel Alves al estrellato, el que lo catapultaba, el que le tiraba paredes imposibles y le cubría las espaldas. El amigo de Antonio Puerta, el futbolista al que le recomendaban comer donuts porque cabían tres como él en las camisetas de los defensas que intentaban sujetarlo.. El extremo que decidió que su admirado Freddy Kanoute tenía que ser el mejor delantero de la historia del club de su vida, al que puso infinitos centros de todos los colores, por arriba y por abajo, ya fuera en Nervión, en Cádiz, en Mónaco o en Glasgow.

El Jesús Navas que entendió que estaba preparado para buscar nuevos horizontes y se marchó a Inglaterra para acabar levantando unas cuantas copas más como miembro importante de uno de los mejores equipos que se recuerdan en la Premier League. Navas es ese sevillista que no tenía gol pero que que te hizo levantarte del sofá o de tu localidad en el Camp Nou cercano ya el 90 mientras enfilaba en solitario a De Gea, para después esquivarlo y sentenciar a nuestro favor otra final de Copa del Rey.

Siendo ya un hombre se despidió de nosotros pero sabíamos que volvería, algunos dudaron de su rendimiento sin embargo, con jugadores de su clase no caben titubeos. Hoy es lateral, pasa la treintena y se merienda cada domingo al que sea que se le ponga por delante, en ataque y en defensa, sigue dando asistencias como el que arranca a silbar al salir de su casa un domingo soleado por la mañana, es capitán, referencia y símbolo, Jesús Navas es lo más parecido al escudo que nos queda por Nervión. Con el paso del tiempo será nuestro Cruyff o nuestro Di Stéfano, aunque a mí me gusta que sea él mismo, sin esa vitola de glamour que persigue a los elegidos.

Hoy el Club ha decidido ponerle su nombre al nuevo estadio de la Ciudad Deportiva José Ramón Cisneros Palacios, una magnífica iniciativa, pocos pueden permitirse el lujo de reconocer a un héroe en vida, mucho menos en un momento altísimo de su carrera, a pesar de que Jesús ya ha hecho lo más difícil durante más de una década, ya no le quedan récords que romper, ni casi títulos que ganar, lo único que tiene que seguir haciendo es cabalgar por su banda derecha, a la cual, y lo propongo firmemente a quien quiera escucharme, también deberían rebautizar como la banda Jesús Navas González.

Salva Núñez

Balones y letras. Mi opinión en @NervioneoSFC.

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