El Sevilla FC jugó como casi nunca, perdió como siempre y fue robado como siempre. Ese es uno de los titulares que debería salir en muchos medios deportivos españoles. No obstante, eso no ha sucedido ni tampoco va a suceder mientras todos opten por beneficiar y apoyar al mismo de siempre. Ni jugando medianamente bien nos dejan ganar. Lo que volvió a ocurrir, como tantas y tantas veces ante este club y en este mismo escenario, no se puede consentir. Fue bochornoso, vergonzoso, inmoral… cómo lo quieran interpretar. Ya puede salir nuestro guardián Ramón Rodríguez Verdejo «Monchi» a decir que «si nos anulan el segundo gol, bajo al campo y saco al equipo», que las críticas que llegan desde la capital no cesan. Pues sigan. Todos ellos son los mismos que callan y defienden cuando Sergio Ramos o Florentino meten la pata. Lo que debería ser al revés, es lo contrario. Salen ganando, injustamente, sobre el verde y en vez de callarlo y tragarlo, lo intentan hacer, además, por redes sociales. Con ustedes, el «señorío» del Real Madrid Club de Fútbol.

Cuando nuestro equipo viaja a ese lugar llamado Madrid, ya sea para enfrentarse al Getafe, Leganés o Atlético de Madrid, viaja con miedo de salir engañado. Pues bien, imagínense cada vez que tiene que pisar el Santiago Bernabéu. Ni te cuento. Sin irse más lejos, ayer, 18 de enero de 2020, día que volverá a quedar manchado por un nuevo escándalo de este club, el Sevilla FC se planta en el verde, da una lección de casta y coraje a su rival, de lucha y entrega en cada balón, compite de tú a tú y mete dos goles, en mi opinión, legales. De aquí al otro lado del mundo. Pues bueno, ni jugando así, se puntúa. Me pregunto ¿cómo se puede ganar en el Bernabéu? ¿Hay que marcar cinco goles? He escuchado en estas últimas horas incluso a gente decir «el primer gol era legal, pero el segundo os lo han regalado». Y yo, contesto firmemente «con 0-1 otro gallo cantaría».

Y digo yo, ¿y el pasillo para qué? Si hay una entidad que no rechazaría hacer un acto de homenaje por un título que bien parece mentira, el de la Supercopa, ese es el Sevilla FC, un club señor desde el primer día de su fundación. Pero, y el pasillo para qué ¿para después volverte atracado? Tras ese primer gol legal de Luuk De Jong, que posteriormente anulan, Lopetegui gesticula y se come al asistente. Y ahora pienso, el técnico hispalense volvió a sufrir lo que ha disfrutado mientras estaba en el Real Madrid.

Tras esta nueva y escandalosa historia, ya pierdo la cuenta de las ocasiones que se ha podido puntuar y no se ha hecho por culpa de ya saben quien. La vida sigue igual. Sólo queda sentirnos orgullosos, cada día más, de nuestro Sevilla FC, de esos guerreros que doce años después querían puntuar en el Bernabéu y se han vuelto para casa con cara de tontos; de nuestro director deportivo, el más grande de este mundo, que no se ha callado ante semejante injusticia y dio un puño en la mesa mostrando su indignación; de los miembros internos de esta gran entidad, como Jesús Gomez o Juan Ramón Morales, que defienden este escudo por encima de todo; y, por último, de toda esa afición que siente como yo, que por muy subjetivos que seamos, incluso periodistas, nuestros colores siempre deben ser defendidos con honra y sobre todo, con respeto y dignidad. Para sentirnos ninguneados, no salimos al campo. En el Sevilla FC no se acepta eso. Después de esto, ya sólo vale pensar en la Copa. En un nuevo partido. En nuestra casa. Donde nos sentimos más seguros y nos hacemos fuertes, a pesar de algunos resultados que no se están dando este año. A olvidarse del partido de ayer, si se puede llamar así, y a por la Copa. «Y pobre del que quiera robarnos la ilusión…»