Como si de una aerolínea francesa se tratase, y al estilo más ochentero del basket americano, el joven central sevillista despega en la vuelta a la competición post-confinamiento. ¿Quién duda ahora de sus capacidades? Y menos quemando etapas a marchas forzadas en apenas estos tres partidos de la “nueva” normalidad, donde queda patente la capacidad que tiene el bretón.

Salta, cuerpea, juega el balón con sentido, y encima huele el gol en cada acción a balón parado ya sea con la cabeza o los pies. A cada semana que pasa el pensamiento de que el jugador vale lo que se pagó por él (20, 22 o 25, vaya usted a saber) se hace más evidente. Y dicen los que mejor lo conocen, por ejemplo, el tuitero Miguel Canales, que sólo estamos viendo el principio de su potencial.

Curiosamente, marcó un golazo en Getafe corriendo por la banda derecha, como aquel famoso lateral brasileño que vendimos al Barcelona, que ahora no recuerdo bien su nombre…pero no lo comparen, no era mi intención. Con Jules, el Sevilla tiene un recambio de lo más fiable para el palaciego Jesús Navas, pero dejaría “sólo” a Diego Carlos y no creo que Julen quiera romper esa magnífica pareja de centrales. Encima sumen al pulpo que vino de Turquía por delante, casi ná (permítanme esta expresión tan nuestra).

Pero cuidado, igual subimos a un jugador a los altares y lo sacamos bajo palio, como lo mandamos a los infiernos. Sólo falta para eso un penalti sobre Orellana en Ipurúa con apenas unos cuantos partidos en LaLiga en sus espaldas.

Seguro que en las altas esferas sevillistas ya están frotándose las manos ante este cheque en blanco de 21 años, ojalá nos dure mucho tiempo, pero no le cojan mucho cariño por si acaso. Así que de momento, suban a la compañía aérea AirKoundé estacionada en el aeropuerto de Sevilla.