Como cuando llegas a un lugar y sabes que es tu sitio. Como cuando te dedicas a lo que de verdad te apasiona y te encuentras completo. Así se siente el Sevilla FC en la UEFA Europa League, su competición, la que ha llevado a la capital de Andalucía hasta en seis ocasiones, más que ningún otro club.

Y es que esta entidad tiene algo único y peculiar con este torneo tan mítico y tan preciado. No cabe duda. No hacen falta más pruebas.

En 2006, El Gol de Antonio Puerta en la prórroga de aquel histórico duelo ante el Schalke 04 que abría el camino de la gloria a la primera gran cita europea del club, una final muy, muy especial por aquello de conocer una sensación que tiempo atrás parecía impensable, y que acabó en goleada por todo lo alto ante el Middlesbrough.

En 2007, la diana de Andrés Palop frente al Shakhtar para forzar los 120 minutos cuando parecía que todo terminaba, el posterior gol de Chevantón en el tiempo extra y, ya en la gran final, de nuevo Andrés Palop deteniendo hasta ¡tres penaltis! al Espanyol en la tanda, poniéndole así su firma a aquella Copa de la UEFA (sin olvidar su asistencia a Adriano…).

En 2014, quién no recuerda ese derbi europeo, esa remontada y a Beto, que nos dio el pase con su guante derecho en los penaltis. Ese mismo año, uno de los goles más celebrados en toda la historia hispalense, el de Mbia en Mestalla que valía un billete a Turín, donde Beto volvió a vestirse de titán ante el Benfica en otra tanda que para los sevillistas se queda. Ahí perdimos unos cuantos años de vida.

En 2015, ante el Zenit, todo indicaba que viviríamos otra prórroga, pero Kevin Gameiro, en los últimos instantes, nos metía en semifinales. Qué decir de aquella final frente al Dnipro, de ese excelso pase de José Antonio Reyes, de ese doblete de Carlos Bacca

En 2016, David Soria atajó un penalti definitivo al Athletic en Cuartos en una tanda inolvidable en Nervión, otra más. Contra todo pronóstico, el Sevilla FC pasó por encima de todo un Liverpool, en una segunda parte soberbia y con Coke Andújar como gran protagonista con sus dos goles.

Y en 2020, posiblemente la Europa League más complicada de todas, y a buen seguro la más extraña, se sufrió de lo lindo ante el Cluj para pasar de ronda y se presentó el VAR para así seguir en el camino. Luego vinieron Roma, Wolverhampton, Manchester United e Inter de Milán, nada más y nada menos. Y estaremos de acuerdo en que buena parte de esta sexta UEFA lleva el nombre de Bono, que apareció especialmente ante los lobos con ese penalti detenido a Raúl Jiménez, frente a Los Diablos Rojos para sacarlo todo en ese frenético arranque de la segunda parte, y ya en Colonia con ese mano a mano que el guardameta desvía a Lukaku cuando los de Conte ya celebraban un gol que habría puesto las cosas muy cuesta arriba. Para más inri, doblete de un Luuk de Jong cuestionado durante gran parte del año y remate de chilena de Diego Carlos que se convierte, con el desvío de Lukaku, en el tanto de un nuevo éxito.

Así se las gasta este club en esta competición tan especial. Cuando parece que está muerto y enterrado, resucita, se levanta y te acaba ejecutando a ti. Si le das una mínima opción, una posibilidad, por más ínfima que parezca, se agarra a ella como a un clavo ardiendo y va a muerte hasta el último segundo. Y lo más increíble es que esa oportunidad la acaba aprovechando.

Momentos, acciones puntuales, paradas de lujo, goles inenarrables en el último suspiro, un portero convertido en atacante, tandas insufribles que siempre cayeron de nuestro lado. Pero sobre todo, fútbol y gloria. Mucha gloria. Eterna gloria. Eindhoven, Glasgow, Turín, Varsovia, Basilea y Colonia. Cuánto sufrido, cuánto vivido, cuánto festejado. Gracias por tanto, Sevilla.