Corren tiempos muy difíciles, aunque parece que empezamos a tener luz en un profundo tunel. O no. Confiamos en que sí. No obstante, aún me paro a pensar en que la vida no se acaba, que debemos seguir disfrutándola, aprovechando cada momento, en la medida de lo posible, siempre siendo responsables y cumpliendo con lo que nos piden. Algunos se conforman con desempeñar las tareas del día a día: ir a la universidad o al trabajo, hacer deporte y si se dispone de algo de tiempo, quedar con los amigos para tomarse una cerveza o un refresco. Los que amamos el fútbol hay algo que echamos de menos en nuestras vidas. Por suerte, lo tenemos. Pero nos preguntamos a diario cuando volveremos a los estadios. ¿El mes que viene, el próximo año, en 2022? ¿Cuándo? La respuesta es nula. Esto, sin embargo, no pasa en todos los casos. En Alemania o en Francia ya dieron luz verde a la entrada de aficionados al campo. Con aforo reducido, sí. Pero entran. En nuestro país, sin embargo, aún no se ha dado el paso. Pero os prometo que no escribiré nada más sobre eso. En este artículo quiero contaros otra cosa.

Permitidme expresar mi satisfacción, mi impulso anímico, el privilegio de poder entrar a dos estadios (y qué estadios) en dos días después de siete meses sin hacerlo. Si me lo dicen en agosto o septiembre, no me lo creo. De los viñedos riojanos al Big Ben y a la abadía de Westminster. Más concreto, de Las Gaunas a Stamford Bridge. Primero con el equipo femenino, muy cerca de la victoria ante un gran rival, por cierto. Luego con el primer equipo, en Champions League, siendo superior en muchos momentos y pudiendo llevarse más premio que el punto. Eso, en lo deportivo.

Llegar hasta aquí no fue ni mucho menos sencillo. Para Logroño, un formulario de responsabilidad sobre el Covid-19. Para Londres, además de los cuatro vuelos, dos formularios para entrar y salir del país. Y a eso, hay que añadir la seguridad. Como no podía ser de otra manera en estos tiempos, muy estricta. Más en el estadio londinense. Por doce miembros de seguridad exactamente tuve que pasar para sentarme a pie de campo a redactar la crónica en zona de fotógrafos. Una pequeña confusión. Entre otras cosas, cada uno de ellos me pedía que enseñara la acreditación y los 35,9º grados apuntados en un papel de la temperatura. Por dentro estaría casi a 40º. No miento. Muy emocionado, muy caliente. Ambos acabaron a cero, pero las dos experiencias quedan para el recuerdo toda la vida. Sobre todo, la imagen de verme corriendo desde la parada de Fulham Broadway hasta Stamford Bridge para presenciar quince minutos del entrenamiento el día antes a la noche grande. ¿La calma antes de la tormenta? De calma nada. La vida puede ser maravillosa, como decía el mítico Andrés Montes.

Mi más sincero agradecimiento al equipo de Nervioneo, máxime a Samu Guerra, nuestro director; al departamento de comunicación del Sevilla FC, y también a todos los que hicieron posible que disfrutara de esta aventura en la tierra del vino y en la de las “fish and chips”. De corazón, gracias.