El Sevilla FC recibe a un Valencia con el deber cumplido después de una temporada muy difícil tras vender a principales estrellas como Parejo, Coquelín, Ferrán Torres o Kondogbia y no verse reforzados con jugadores del mismo nivel. Se encuentran decimoterceros con 39 puntos y virtualmente salvados, ya con Voro como entrenador del equipo.

El Valencia de Peter Lim es de todo menos un club a la altura de su escudo. No son tiempos fáciles para los valencianistas, que están viendo reflejado en el campo la mala gestión de unos dueños que no hacen más que dañar la centenaria historia ché. Javi Gracia tuvo que trabajar con una plantilla corta y debilitada a la que no le han llegado los refuerzos pedidos, pero que ha sido capaz de mantenerse lo suficiente. Lim lo destituyó a falta de cuatro jornadas, pero el objetivo lo ha conseguido gracias al entrenador navarro.

Desde el 4-4-2 Javi Gracia buscaba que su equipo fuera compacto y ordenado en defensa para poder desplegarse en ataque lo más veloz posible. Esa premisa la mantiene también Voro, aunque en su debut cosechó un holgado resultado con un sistema de tres centrales. En la portería Jaume se ha hecho con el puesto de titular, por delante cuenta con defensores de la zaga como Paulista, Diakhaby y Hugo Guillamón y en los carriles son habituales Correia y Gayá. La sala de máquinas es cosa de Soler, Racic o Wass, mientras que por delante de ellos, ya sea en posiciones centradas o más abiertas, se encuentran Lee, Cheryshev o Guedes, que está en el mejor momento de la temporada. Maxi Gómez es la principal referencia ofensiva, pero puede alternar en la posición con el ex sevillista Kevin Gameiro.

Claves

  • El peso del partido será sevillista, pero deberá traducirlo en un juego profundo que desemboque en ocasiones. El Valencia se siente cómodo yendo al espacio y corriendo en transiciones.
  • El Valencia se ha quitado todo tipo de presión y con Voro parece haber encontrado un referente al que seguir con plena confianza. Por su parte, el Sevilla ya no tiene un objetivo real y eso puede restar competitividad, especialmente si el once lo llena Lopetegui de jugadores menos habituales.